lunes, 7 de noviembre de 2016

¿y si Homero y Marge votaran?

Homero y Marge son un matrimonio, personajes de la serie animada "Los Simpson" creada por  Matt Groening. Representan a una familia típica de la clase media de EEUU. Homero es el jefe de familia un hombre de edad madura, un poco ignorante de lo que está fuera de su frontera mental, amante del poco esfuerzo, dominado por sus apetitos, poco reflexivo, sin voluntad. Marge, su esposa, se posiciona en cambio como la reserva moral de su familia, con un amor incondicional por ella y es quien la mantiene cohesionada, con un alto grado de inteligencia emocional, con sentido común, con fuerza de voluntad y con valores fuertes.

A mi juicio, este estereotipo  es cercano a la realidad no sólo de ese país, por esto la serie animada tiene tanto éxito en el mundo entero. Volviendo al punto, representa un segmento muy amplio de la sociedad norteamericana, que ha sufrido los azotes de la economía capitalista en las últimas décadas, de la cual disfrutó curiosamente por más de un siglo, pero se fue volvió en su contra cuando los costos de producción internos hicieron poco competitiva la fabricación local y buscó en los mercados asiáticos los destinos de la nueva economía productiva.

Ciudades símbolo de la industria automotriz norteamericana como Detroit muestran tal deterioro, que han afectado a su clase media. Esta ciudad se declaró en bancarrota en 2013, disminuyendo su población de 1,8 millones de habitantes en los años 1950 a 700 mil en el año 2010.

Por otra parte, la deuda pública de EEUU muestra montos inimaginables hoy superando los 18 billones de dólares que no pueden ser pagados y todos los años vuelven a ser un tema mundial cuando se aprueba la ley de presupuestos. El pueblo americano vive una especie de  autoengaño, similar a cuando se tiene deudas de Tarjetas de Crédito, cayendo en rotativo con tasa máxima convencional, no hay forma de pagarlo, pues se multiplican los intereses mes a mes.

Yendo al punto, no me explicaba cómo el partido Republicano eligió como abanderado a Donald Trump, siendo un candidato que representaba un peligro a razón que provee abundante material a su competencia para ser tachado o ser excluido como candidato. Sin embargo, ganó las primarias de su partido, y sigue en carrera con opciones reales de ser presidente de la mayor economía mundial, contra todos los vaticinios incluso de su propio partido.

Pensando en ficticio, si votara Homero en la próxima elección ¿por quién votaría? no me cabe duda votaría por Trump...y  ¿por qué?, pues porque cualquiera que le diga al pueblo que le devolverá su orgullo, que le devolverá su fuente de trabajo en su misma fábrica en la cual trabajó hasta hace poco él y/o su familia, por cuestionable que sea el candidato, ese personaje ficticio votaría por Trump. Por otra parte, y ¿por quién votará Marge? pienso por Hillary, y por dos razones, primero por defender la inclusión de los derechos de la mujer y en segundo lugar, por el futuro relativo al cambio climático y las acciones esperadas para evitarlo, aunque honestamente no creo que Hillary Clinton hará mucho para comprometerse a bajar las emisiones de CO2.

En suma, un empate técnico, a menos que Marge hable con Homero al oído, unos segundos antes de la votación.

viernes, 7 de octubre de 2016

La actitud positiva como factor multiplicativo

Ayer durante el partido de la selección chilena, íbamos 2-0 abajo contra Ecuador, un colega de la oficina me preguntó "¿Lo damos vuelta?" y le dije que "No, no lo creo factible".

Él me recriminó: "pero cómo me dices eso, si siempre me predicas que todo es posible...no te entiendo" y me quedé callado, pues mi respuesta fue intuitiva, claro me estaba contradiciendo y no encontraba la razón de haber dicho eso, pero lo creí profundamente.

Hoy con más ánimo, conversamos nuevamente, pues después de reflexionar, encontré la razón de mi respuesta en automático. Le dije hay una fórmula, disculpen por llevar a fórmula algo netamente social, pero lo leí en alguna parte y le encontré mucho sentido:

DESEMPEÑO EXCELENTE = ACTITUD * (HABILIDADES + COMPETENCIAS)

Es decir, tu currículo, tu historia, habla de tus competencias y habilidades logradas tanto en tu formación profesional o en tus capacitaciones, como en tu desempeño laboral o profesional. Personalmente cuando entrevisto a alguien, aparte del currículo y de hacer preguntas de puntualización y otras de carácter técnico, para validar estos antecedentes en conjunto con los de relacionamiento con personas que conozco, observo su actitud. Frente a situaciones hipotéticas, frente situaciones contingentes, frente a su pasado. Las habilidades y competencias son factores aditivos, pero la actitud no lo es, este es un factor multiplicativo de tu desempeño profesional.

Ahondando en el fútbol, hablando de Gary Medel quien no jugó ayer, ¿Alguien puede decir al ver su contextura física que juega como volante defensivo o central, y que es el central de la selección de su país y que tiene el reconocimiento de todos los equipos en los cuales ha jugado?, sin duda no es por sus habilidades y competencias, incluso por sus condiciones físicas, pues hay miles de jugadores más altos, más rápidos y más fuertes que él, sino por su actitud. Roberto Mancini, quien fue su director técnico en el Internacional de Milán dijo sobre él: "Si tuviéramos a once jugadores como él, ganaríamos todos los partidos".

Resultado de imagen para gary medel mundial

No cabe duda que los equipos de Ecuador, Bolivia y Paraguay son en conjunto menos en términos de competencias y habilidades individuales que el chileno, lo que los transformó en mejores que nosotros en los partidos jugados este año, fue su actitud frente a nuestra selección.

Internamente en la empresa, para situaciones comerciales hablamos de "No despertar al león", para expresar la idea de manejar información con reserva, respecto de nuestra competencia, pues pienso que es eso lo que pasó, en forma simultánea, por un lado cohesión anímica de nuestros rivales y por otro, la soberbia de nuestro equipo que nos hizo subestimarlos, y eso en la cancha nos hizo ver inmensamente inferiores, en este caso el efecto de un factor multiplicativo de una actitud positiva, tremenda lección que es aplicable plenamente a nuestros equipos de trabajo profesional.

jueves, 16 de junio de 2016

Deja Vu otoñal

Un día de otoño un hombre maduro, de la tercera edad, caminaba dentro de la estación de tren subterráneo. Subía y bajaba escaleras para cambiar de línea, estaba obligado a hacerlo para llegar a su destino.

Era un día de lluvia, él calzaba sus zapatos de talón alto y planta antideslizante, abrigo impermeable oscuro, un pequeño paraguas a cuadros. Lo usaba dentro del bolsillo de su abrigo. Usaba su mochila tanto como bolso de mano, como también sobre su espalda. Lo llevaba en la mano, no quería ser confundido con un Nerd, aunque evidentemente lo seguía siendo.




Hace unos años comenzó a usar sombrero en los días de frío. Lo compró en la sombrerería "Donde golpea el monito" un día de remate antes de su cierre. Si había lluvia, el sombrero evitaba el uso del molesto paraguas. Si el frío era mucho, éste lo resguardaba de enfermarse por enfriamiento, cubriendo sus curiosas orejas.

En los últimos inviernos volvió a padecer de sus antiguas amigas, las amigdalas, que lo obligaban a guardar cama con frecuencia, tal como en su infancia, pero ahora con mayor preocupación, ahora tenía  miedo de enfermarse. Estaba solo. Su familia, se fue en parte a vivir fuera del país o bien había muerto de un día a otro, inesperadamente por la peste. Los que se fueron, se dejaron vencer por la incertidumbre jurídica, por el "egoísmo" como él lo llamaba, o bien por la ideologías carentes de realidad. Habían pasado casi 7 décadas del primer quiebre institucional y no se aprendió nada, "nos farreamos por segunda vez la posibilidad llegar a ser un país desarrollado" meditaba, pero más que  desarrollo económico, pensaba en el desarrollo humano, pues ciertamente Chile ha sido un país pobre en recursos naturales y aislado, eso no cambiaría nunca, el mineral volvía a embotellar al genio, postergando la fuente real de la riqueza. 

"Me  quedé acá en Chile por principios", decía y en su interior meditaba el por qué no se contagió del maldito virus, "los principios no lo cuidan a uno de los resfríos". Él interrogaba día a día al holograma de su esposa. Una especie de espiritismo tecnológico, las preguntas que hacía rastreaban en las interacciones del difunto que hizo en vida en sus redes sociales; en sus blogs; en los videos para su colegio; en correos electrónicos y en toda traza electrónica disponible sólo para los deudos de las personas fallecidas. De esta forma, la personalidad virtual escalofriantemente realista, respondía asuntos que él nunca escuchó de su persona amada. Esperó años temeroso, para hacer las preguntas más delicadas, reservando una en especial, que nunca llegó a formular. Él mismo sabía cómo funcionaba, pues generó la idea tiempo atrás para un cementerio privado, para "Nunca decir adiós a tu ser amado", idea adictiva con que se torturaba voluntariamente año tras año.

Era un profesional independiente que no quiso "apatronarse" ni en el aparataje estatal sustentado por el mineral, ni en el mundo privado que gira en torno de él. Tenía una especial habilidad para identificar tendencias tecnológicas. Frecuente y rigurosamente se financiaba viajes a algún evento en el mundo, donde se masticaba el futuro, para olfatear y construir redes e identificar oportunidades. Retornaba del viaje y a comenzar otra vez. Siempre había alguien dispuesto a escucharlo, o más bien, para darle una mano.

Él le dice a sus amigos más jóvenes, los que van quedando: "Es mejor usar sombrero", además, "me da estilo, me veo como Indiana Jones", sin embargo, ya nadie recordaba la saga de Spielberg. Cavilaba en esto, mientras escuchaba un playlist desde su smartphone, herencia de su hijo mayor, caminaba al ritmo de la música del rock punk inglés, recibida en su receptor cloquear que por el mismo precio terminó también su sordera. Tarareaba, gesticulando de dolor por subir los peldaños de las escaleras, sus tobillos revelaban su edad. Esto no era nuevo y en su momento pensó que era su peso, tomó batidos haciendo ayunos y dietas vegetales, que no mejoraron su malestar, era la artritis que seguía su curso implacable.

La estación de tren subterráneo estaba repleta de gente, aclaro que uso el concepto de "repleto" post peste. La habitual aglomeración de las 18:00 horas hicieron difícil su paso. Impaciente, miraba y se dio cuenta de un pequeño pasadizo. Un espacio libre para no esperar, entre un Pasamanos de Cobre que lucía como una barra de ejercicios, un rectángulo de 90 cm entre la barra y el suelo. Es precisamente el pasamanos de cobre que tuvo una inesperada participación para controlar la peste, cambiando nuevamente la historia de nuestro país. No sólo servía para mitigar los efectos nocivos de las bacterias, sino también era letal contra los virus. Un médico se dio cuenta de esta obviedad al observar la falta de contagio de los trabajadores del subterráneo. 

Los recuerdos antiguos son los más frescos para los mayores. El recuerdo vino a su mente y cuerpo de forma instantánea. Pensó, "puedo pasar por allí con mi pirueta gimnástica que hacía en la escuela", "¡Lo puedo hacer!", exclamó. Recordaba que cuando niño había una barra en el patio del colegio, corría rápido y saltaba, con una torsión ponía sus pies al frente, se desplazaba en el aire, se afirmaba con sus dos manos en el fierro de la barra de ejercicios y se impulsaba dos metros más hacia delante, cayendo de pie y con los brazos abiertos, imaginando e imitando con su boca, una ovación de su público enardecido.

Ya no tenía dudas. Era intolerante a las esperas. Se puso la mochila en la espalda, retrocedió unos metros, calculó la distancia y comenzó la carrera. Aceleró los pasos, a pie firme según él y torpe a la vez para los testigos del evento. Dio el último paso, el pie derecho sin problemas, pronto estaría en el aire. No obstante el pie izquierdo, al soportar su generoso cuerpo llegó a su punto límite, un crujido de articulación, seguido de un lastimoso gemido, encendieron la alarma. Fatiga de material junto a una confianza irracional en sus medios, fue el diagnóstico. El inevitable golpe en seco de su nuca en la grada de concreto, los pies por delante y la cabeza en el suelo. El ruido óseo sobre el concreto alertó a observadores. Luego de encoger los hombros; de achinar los ojos y mostrar los dientes, se acercaron poco a poco a él para asistirlo, con un pesimismo lento.

El sombrero no pudo proteger su cabeza. Se encendió una luz clara en su mente, tibia como el sol veraniego en su norte costero. Feliz no le causó extrañeza ver junto a él a sus compañeros de colegio, como si fuera hoy, en plena muda de su dentición de leche, alentándolo alegre y desordenadamente. Vio nuevamente la barra de ejercicios de su escuela acercándose rápidamente hacia él. Estaba en vuelo y tomó el fierro con sus dos manos, sintiéndose fuerte y liviano. Confiado, no podía evitar el sonreir como en trance. Su cuerpo se puso tenso en su abdomen y se lanzó con tanta fuerza que avanzó en el aire mucho más allá de los dos metros que recordaba, como un cuerpo mejorado. Inusualmente, no caía, sino que aceleraba, como si la gravedad fuese horizontal, siguió hacia adelante, como alargándose hacia el punto luminoso tragándoselo frente al asombro de todos para siempre.

viernes, 29 de abril de 2016

Lectura en frío

Soy Edmundo vendedor de tecnología, hoy subí al vagón del metro con la moral baja, con falta de ánimo. La reunión previa estuvo fría, mi interlocutor ni si quiera me miró a los ojos, sólo se tomaba el anillo de matrimonio y miraba su reloj inteligente que se conecta con su teléfono móvil. Dí una lata, o nos la dimos, pues ni siquiera me permitió empatizar con él,  me han entrenado en observar el entorno de mi interlocutor, reviso su página en LinkedIn o Facebook, reviso noticias relacionadas con su organización. Decidí  hablar del smartwatch, pero no encontré el momento y luego no seguí, uno tiene su orgullo también.

Mientras terminaba mi aburrida charla, cavilaba en que no pensaba cambiar mi reloj análogo, la lectura de sus manecillas es un arte, sólo acepto su fluorescencia, resabio de la guerra fría, de la época en que nací, llevo como amuleto su cargamento portátil radioactivo para recordar el temor con que crecimos.

Devuelta al vagón, miro a mi alrededor como me es habitual. La gente se ve acalorada, las mujeres con rostro rosado, los hombres con sienes sudorosas.  Estamos en media temporada, arriba en la calle varios grados menos, pero acá en el túnel mi ropa de lana  me hace sudar. Mientras desabotono mi chaqueta me fijo en un hombre mayor, delgado con anteojos de estilo, canoso, bien vestido, moderno, sin un smartphone, los hombres a esta edad no son cautivos de la pantalla táctil, quizás por la presbivicie. Llevaba en cambio una libreta y un lápiz Bic, escribía con letanía y una letra caligráfica, no bella, así como la del libro "ojo" del método Matte,  utilitaria y legible.

Me entretuve leyéndolo, interesado como viendo un oráculo, él se dio cuenta que lo leía, hizo un micro-gesto de desagrado, no actué en forma educada, pero así y todo no impidió que siguiera mirando. Anotaba nombre y apellidos de personas y junto a él una frase.

"- Sergio, oculta su cesantía, pronto quiebre familiar.

- Andrés, empleado brindaba servicios particulares de aseo en horario de oficina, gana juicio en tribunal laboral, pues las empresas no ganan. 

- Esteban, suda hasta en invierno, y siempre está en el baño. Está enamorado, pero no de una mujer."

No supe si eran recuerdos o proyecciones, me atrapó tanto por lo escrito, como el "cómo lo hacía".  Miraba al frente cómo si alguien le dictara, miraba el horizonte.

Lo último que vi quedó inconcluso, sonó la alarma de cierre de puertas, bajó raudo,fijando su vista en mi cara, palidecí, hasta ahora no entiendo cómo apareció mi nombre en su libreta.

"Edmundo, él terminará y pronto conocerá quién fue la persona que..."

Entrada reciente

11/05/2021 Taller "Los señores" segunda sesión Progresión dramática

  Ejercicio de progresión dramática  Llevábamos 2 semanas con mi suegra en nuestra casa, una persona mayor, de 84 años y delicada de salud. ...

Entradas más vistas el año pasado