En esa escucha de radio, se habló de un ejercicio empresarial en donde un alto ejecutivo personificó en una persona, con menor rango en la empresa, a su padre, se acercó a él y lo abrazó diciendo que lo amaba. En ese instante venía en bicicleta del cajón del Maipo, no resistí la emoción tuve que parar y me repetí en mi interior que debía decírselo y así lo hice y a todos a quien quiero mucho.
He hecho algunas cosas, me faltan el poner las fotos de mi abuelo y padre junto a mi familia en el trabajo, que me acompañen con sus sueños inconclusos, con sus proyectos no exitosos, yo trataré de honrarlos y llevarlos adelante, me darán fuerza y me acercará a ellos como las culturas ancestrales, que respetan tanto a sus ancestros.
Luego de esta situación, lo he comentado en mi casa, pero no me hacen mucho caso, pero sí me acompañaron en esta ocasión, invité al párroco de la iglesia cercana a mi hogar, conversamos amenamente y pude concluir mi rito de sanación, acompañado de mi familia.
Comenté los motivos, la partida de mi madre, mi fracaso empresarial, el alejamiento y filtrado de los amigos. El cura citó a San Mateo, a la casa construida sobre la roca y me hizo mucho sentido, el valorar las cosas que se hacen bien pensadas, el darse tiempo de recoger las experiencias y volcarlas en algo sólido con sentido de futuro, muy pertinente. Por otro lado, el sentido más explícito de la cita, la casa, mi hogar con sus personas y paredes, mascotas y momentos el generar buenos recuerdos de familia, algo donde refugiarse cuando el alma tenga frío, y donde volver a habitar para las personas que me acompañan en esta vida.
