sábado, 4 de mayo de 2013

La fuerza de la vocación

Caminando por calle Merced, una aglomeración, la curiosidad me conduce. Un viejo conocido. En mi ciudad nortina, él actuaba en las galas artísticas del liceo (no estudié en colegio) y me restaba atención de mi entorno, incluso del más cercano.


En la Universidad, él usaba chalecos de lana y melena siempre cantando en los jardines rodeado de personas que percibían su talento, yo saliendo tarde y cansado de los laboratorios de los hoy obsoletos computadores de la Universidad. En ese momento envidiaba su tiempo, más no su destino.

En Santiago, masa de gravidez que atrae las almas provincianas, me topé con él alguna vez, nos saludamos con  un guiño de cejas. Hasta que al fin lo vi en el festival de Viña, por TV, exitoso por un trabajo que hoy mi madurez me permite admirar. Asocié su cara a su voz y lo reconocí Manuel García...y yo, sigo trabajando hasta tarde, envidiando ahora su alegre destino de cantar.

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