Ejercicio de progresión dramática
Llevábamos 2 semanas con mi suegra en nuestra casa, una persona mayor, de 84 años y delicada de salud. Nos costó traerla a casa y por fin lo pudimos hacer, tuvimos que adecuar una habitación en perjuicio de una de nuestras hijas. La señora estuvo en casa de un pariente más de 8 meses en la pandemia, en donde tuvo dos crisis cardíacas acompañadas de pulmonía, queríamos cuidarla distinto.
A causa de protegerla, nos vacunamos, mi señora por ser profesora y yo por trabajar en un organismo catalogado como “esencial”, esto lo hicimos con una diferencia de un par de días. Luego de vacunarnos, empecé a sentir dolor muscular y de cabeza. A mi señora le pasó lo mismo, no le dimos importancia, “era la vacuna”. Nuestra “nana” nos dio la alarma, enfermó de Covid 19.
Mi señora se hizo el PCR y en el peor momento de la pandemia le resultó positivo. Quedamos todos en cuarentena, por mi parte comencé a mejorar, mi señora tuvo que guardar reposo, a los días nuestros hijos con síntomas cayeron uno a uno en cama. Sentimos terror y culpa, no podíamos llevar a mi suegra a ningún lado y la aislamos en el segundo piso. Tuvimos que tomar medidas de higiene extremas, yo tenía menos síntomas, y me tocó atenderla, con guantes, mascarilla, ropa limpia, cada vez que le llevaba la comida, cloro, aerosol, jabón con alcohol gel, loza, cubiertos todo independiente.
Pasaron los días, los días de cuarentena de mi hogar, yo ya me había recuperado, y la señora, mi suegra, como si nada, estuvo en contacto directo, pero no se contagió, hoy luego de 2 meses sigue sana con achaques de la edad, pero pudo sobrevivir a la pandemia, y yo todavía no lo puedo creer.