Quería comentar lo que me pasó hace poco en un parque de entretenciones de Santiago. Fuimos con mi señora, mis hijas, un amigo y sus hijas a Fantasilandia. Lo pasamos excelente. Me subí a todos los juegos que hacen mover el estómago desde la garganta a los tobillos.
A mi amigo lo vi complicado, desviaba las invitaciones con evasivas, extrañamente no convincentes, estaba pálido, pero lo convencí de subirse al juego más intenso al principio de la jornada. Luego no se subió a ningún otro, le agotamos la cuota de adrenalina del año, ni al barco pirata lo pude convencerde subir. Hasta el final del día se entretenía mirando las caras de los que sí se atrevían a la aventura. En mi caso, yo disfruto más que mis hijos, me encanta el entregarme al juego, no afirmarse, sino confiar en la seguridad de los arneces y relajarse, y de verdad me relajan.
En mi infancia, en mi ciudad de Arica, de vez encuando llegaban juegos itinerantes, "Fisa", "PlayerLand", esos sí que eran peligrosos, las sillas voladoras, volaban con todo y gente. Recuerdo un juego en especial, "El palacio de la risa" (un amigo me lo recordó) consistía en un Disco de Madera (hoy debe estar en un museo de la inquisición española) de tres metros de diámetro aprox. en el piso, lo enceraban mucho, uno se metía adentro de un recinto cerrado que apenas contenía el disco, sólo para varones (jackass es un plagio de la Fisa), era un quilombo. Empezaba a girar y uno se trataba de mantener en pie, pero alguien se caía, y comenzaba el efecto dominó, patadas en la cara, golpes a mansalva, caidas sobre el coxis, una vez me pegué en la boca en el centro del disco y luego salí disparado y reboté contra la muralla, muerto de risa, dolor y la ropa hecha un desastre (mi señora habría asesinado a mi hijo si hubiese hecho lo mismo), muy intenso. Siempre iba con mi primo "Pachuco". Además, era bonito porque me encontraba con amigos y amigas de todos lados de la ciudad y otros que conocías en el lugar, además, algo que ya no se usa, se pagaba por cada juego.
Volviendo al presente. Mi señora tampoco se sube a ningún juego, se entretenía con mi niñita más pequeña "en las tacitas" y el carrusel, luego nos turnamos. Ella, mi hijita, estaba feliz súper entusiasmada, con 4 añitos logró subirse a juegos más intensos que mi amigo. Ya finalizando el día, nos paramos de una banca y a mi amigo se le quedó la cartera de su hija. Nos devolvimos y obviamente ya no estaba. Nos pusimos a buscar, a notificar a Informaciones, revisar basureros y estar atento a las personas. Lo importante eran los documentos, el dinero ni pensar en recuperarlo.
Por un rato nos bajoneamos, pero luego nos repusimos, se acercaba la hora de cierre y había que aprovechar los últimos minutos, carpe diem. Mi señora llevaba una pelota de playa que "gentilmente" le regaló un caballero y un sombrero, que me gané en otro viaje de trabajo unos años antes. Mi señora, mi amigo y mi niña más pequeña nos miraban de lejos, mientras estabamos en el último juego. Yo la miraba en cada vuelta, hasta que repentinamente los perdí de vista.
Al bajarme me contaron, se habían parado del asiento, y adivinen, fue un par de segundos, y desaparecieron sombrero y pelota. El "gen ratero del shileno" again. Nos dijimos burlonamente "en Europa somos tristemente famosos por esto", no sé en qué período migratorio llegó a nuestras costas, pero acá se perfeccionó, pero hablando bien en serio, ni se compara con la explotación Europea de tantos siglos de nuestra Pacha mama (sabias palabras de una ex colega en LAN Airlines), ni tampoco a los brillantes creadores de instumentos financieros que tienen en bancarrota al mundo entero. Luego de la rabia, me resigné, igual lo pasamos bien.
Conduciendo el auto a casa recordé. Evoqué un viaje de negocios, rectifico le decíamos "Vacaciones de Servicio", viajamos a Orlando a un centro de conferencias (casualmente un día nos llevaron a los Estudios Universal, great!), fui con otro colega que actualmente trabaja conmigo. A estas cosas nos invitaban los grandes fabricantes de software, hoy extintos, a una conferencia anual de usuarios, en una oportunidad, yo entrando a una sala de conferencias, observé que había una pirámide hecha de Naipes, super lindos con el Logo del organizador.
Observé a cada persona, a cada "gringo", todos entraban y sacaban un naipe, sólo un naipe. Así sucedía todo, hasta que se acercó la hora de inicio y pensé en entrar posterior al cierre de puertas. Si, comencé a planear, a pensar qué decir, excusas, mirar al rededor, a sudar un poco, a planificar la fuga, a abrir el cierre del bolso y sentí unas ganas incontrolables de llevarme todos los naipes. Pensé en la gran utilidad de los naipes, imaginé a mi hijita chiquita aprendiendo a jugar solitario, a mi hijo jugando conmigo al póker, a mi mismo lanzando cartas al aire simulando un boomerang, a mis compañeros de trabajo agradecidos de tan magnífico presente, compensando mi karma, el que yo pudiera ir a esos viajes y ellos no. Eran razones necesarias y suficientes.
Esperé a que entrara la chica de la recepción y ataqué, saqué como 8 naipes, y si sentí placer. Estaba en eso, contento como cerdo en fango (como dice mi hijita), cuando abre la puerta la niña y me ve con todos los naipes. Se me cayó la cara de verguenza, devolví 3 asegurandome que me viera y le pregunté si me podía llevar más que uno, ella se sonrió (quizás diciendo "maldito sudaca") y me dijo que eran para eso, los guardé en mi bolso y entré a la sala.
Durante los siguientes días, me llevé cuanta cosa regalaban en esos lugares, aprendí a convivir con esos impulsos, los sentía míos, pero no sentía el mismo placer que al principio. Luego en el hotel antes de venirme, boté la mitad de los papers, llaveros y cachivaches, triste, pero al menos me llevé los naipes.