Ayer, fue un día especial. No he estado bien de ánimo los últimos días, hay muchas cosas en mi cabeza y las ideas me nublan. Estoy en una labor de reconstrucción interna de algunos patrones de comportamiento que me han hecho mal, el tema es que me cuesta controlar mi ánimo, estoy muy influenciado por lo externo y creo que lo mejor es volverme hacia dentro.
Me recuerdo de mi gatito negro que tenía cuando niño, cuando venía herido de una pelea, se quedaba en un rincón del patio trasero, quieto por unos días, sin comer, sin moverse, yo lo miraba desde mi ventana con un poco de temor y pena por que se muriera (en un encuentro boxeril le cortaron la oreja y en otro la cola), de repente, llegaba a la cocina a pedir leche maullando, con ese estilo de maullar insistente que mostraba su buena salud, se recuperaba así de rápido. Luego al leer un libro de Pilar Sordo entendí esa forma de comportarse, propia de los individuos masculinos.
No quería hablar de eso, pero así me sentía. Mi hijo me dijo que iba a un concierto de Chancho en Piedra, yo recordé que le dije que quería ir, podía ser la oportunidad de ir con él, la entrada estaba barata. Ya poh!, le dije al diablo eso del gato, y fuimos no más.
Llegamos al lugar, el Galpón de Victor Jara en la plaza Brasil, faltaban 30 minutos. Fuimos a comprar, él una bebida y yo un helado. No habían más que 15 o 30 personas. Supe por la entrada que era un evento a beneficio, me dio un poco de pena no ver tanta gente. Recordé la inquietud por cuanto no llegaba mucha gente cuando organizabámos fiestas en la Universidad para la sala cuna donde iba el Angello (mi hijo). Me angustiaba, pues con eso pagábamos los sueldos y gastos los padres Universitarios, pero luego al rato llegaban los muchachos y comenzaba la fiestoca y se arreglaba todo (fueron los indicios de los carretes largos, de inicio a media noche).
Nos sentamos en la esquina cerca del local, y esperamos los 30 minutos, no se veía mucha gente. Y siguió la espera, conversamos con el Angello muy relajados, nos reíamos de los parecidos de la gente que pasaba (tengo la mala costumbre de encontrar parecidos a la gente, herencia de mi padre, a veces nos reimos mucho, a veces sólo yo lo hago).
Se acercó una mujer a pedirnos un cigarrillo (se parecía a la Robotina: Katty Barriga, pero en fase terminal), mi hijo nervioso, yo le dije que no fumaba y se fue diciendo obsenidades. La observamos un rato, se acercó a todos los cansados especímenes de la plaza Brasil, buscando algo, pensé que por una razón para insultar un hombre y descargar una pena rebelde; o simplemente por una invitación a un trago, no tenía álito, pero estaba deshinibida, pero se comportaba como si lo estuviese y rápidamente buscaba otro grupo u hombre solitario, tenía un tatuaje en la espalda (como los violines, pero perpendicular a la columna), con esa hambre de buscar no sé que cosa.
Nos cambiamos a las bancas frente al local. No llegaba la gente, ni tampoco los músicos, 21:20. Luego llegó el baterista y el vocalista (ritalin) muy sencillos, les saqué unas fotos con el Angello, unas niñas con juanitos enchulados le pidieron autógrafos (Juenitos: alcancías de plástico del chancho llamado Juanito, personalizadas, uno estaba adornado como la rupertina, me dio mucha risa). Pensé, que bien estos tipos dan de su tiempo para este tipo de actividades, me parecieron solidarios de verdad, sin publicidad.
Pasó el rato y se acercó un hombre que claramente tenía en el cuerpo unas copas de más, se veía inofensivo, con una botella de cerveza en una mano y con una bicicleta en la otra. Me preguntó la hora con un acento extranjero, le respondí en inglés, 21:30, no se movió, quería hablarme. Estaba molesto, al final se puso a hablar, contó que una mujer le pidió la bicicleta para dar una vuelta y él pensó que se la robaría (demoró un rato en contar eso). Entendí que el hombre era colombiano por su acento, se sentó junto a mí (yo clarito, le hablé en inglés, en todo caso el Angello también pensó lo mismo que yo), en eso llega la mujer, si señores, era la robotina, y le miró en menos la bicicleta, le dijo que le pusiera baselina a la bici (imaginen el resto), si solo quería dar una vuelta en la plaza y al fin se fue a conversar con un grupo de muchachos que jugaban ping pong en la plaza. El hombre no entendía nada, andaba con una especie de "banano" y metió la mano, allí me puse nervioso, al final sacó unos cigarrillos y un encendedor. Luego se paró y pues reconoció un amigo y lo fue a saludar.
Se pusieron a conversar, y nos integraron a la conversa, al final ellos se conocieron en un local, un pub, y se habían encontrado un par de veces, el muchacho era músico, pianista del conservatorio de la Chile. El colombiano, dijo que venía de Venezuela, que tenía una hija en Cali que no la veía hace 2 años. El colombiano, no dejaba de decir que el muchacho tocaba el piano, "por mi santa madre que toca el piano". El muchacho, estaba triste, era músico, pero no tenía trabajo, lamentamos juntos las faltas de espacio y oportunidades, hay pocas orquestas que generan empleo estable y se manejan un círculo de influencias cerrado, pero estaba orgulloso de haber conseguido un concierto el viernes pasado en el Edificio Telefónica. El colombiano quería que mi hijo hablara, para mi que el acohol y mi berborrea lo tenían al borde del desmayo, lo obligó y que yo me quedara callado escuchando, él dijo, lo que me presumía, "no me gusta estudiar", me dio risa.
Hablamos de todo, política, participación, el convencerse que la acción efectiva de participar hará que de a poco cambien las cosas, ejerciendo nuestros derechos y no dejando pasar las cosas. El muchacho con fe y un poco desilusionado del sistema (al final del concierto me dijo que quiere hacer un proyecto de musica en las poblaciones, le dejé mi e-mail). El colombiano no entendiendo nada "again", ahogando su dolor en alcohol, huyendo de país en país, al darme cuenta que comenzaba el espectáculo, le di un abrazo y le dije que se fuera a su casa, que le podían robar su bicicleta y que ahorrara ese dinero del acohol y se lo guardara a su hija, se me puso a llorar, pero contenidamente y nos despedimos.
Eran las 23:00 y nos hacen pasar al local, a medio llenar. El show comenzó a las 23:30, reflexionamos con el Angello, yo le dije que esos encuentros "casuales" hacen bien para el alma, nos hacen tener una ventana en las vidas de 2 mundos, inimaginados y ver el nuestro, compararlo, que no está nada mal después de todo (bueno, eso lo pienso yo).
En el galpón, niños, jóvenes, adultos, muy pocas personas, me sentía mal, pero empezaron a poner a tono los instrumentos y dije, ya, vine a pasarlo bien, démosle. El show espectacular, me saco el sombrero por el profesionalismo de los Chancho en Piedra, actuaron como si estuviesen en un estadio lleno, con los ojitos rojos, en trance. A todo esto el guitarrista se parece a mi amigo Daniel Ayala y también le dicen cabezón. El sonido, la energía, todos cantando, saltando, el Angello con su pumping head, luego una ronda alrededor de los juanitos, mucho desorden, buena onda, buena juventud y yo que quería quedarme quieto en un rincón de mi casa, viva Chile mierda y los chancho en piedra...
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