Viendo un titular en un diario de circulación gratuita que decía de mi ciudad en el destierro "Santiago se ahogará por escasez de lluvia", yo me pregunto qué vamos a hacer para contar con mayores recursos hídricos antes que esta ciudad que tiene creciente demanda del recurso, Colapse.
Esto se suma a otros problemas de vivir en la capital de Chile, nada nuevo, como es la congestión vehícular, la contaminación atmosférica, incluso otros asuntos que no tienen que ver con la ciudad como es la colusión de grandes empresas... En todos ellos veo un factor común, el excesivo centralismo o concentración, que se transforma a la larga en un tumor que crece y consume la savia, la esencia del país.
Mientras tanto, ¿que hacen las autoridades Frente a este escenario? y contrario a lo que sucede en otros países en donde se sigue la máxima de Alejandro Magno "dividir para vencer" en Chile sucede un fenómeno de la concentración, mientras más junto más rellenito mejor. Ejemplo y motivación de este escrito se acaba de firmar en abril el cambio del plano regulador de la Región Metropolitana, es decir, de acá al 2020 Santiago tendrá 1.5 millones más de personas que los 6.5 millones actuales, entonces uno empieza a arrugar la nariz, no hay que ser un sabio para entender que en la ecuación no están todas las variables.
¿Quien gana con esto?, fácil, más casas, más autos, más servicios, pero con un fenómeno no deseado para rl último eslabón de la cadena, consumidor final. Me explico, por un lado las empresas entregan todos estos servicios (incluyo a mi empresa de servicios) a bajo costo por todas las ventajas logísticas y economías de escala de la concentración. Sin embargo, la entrega de servicios que se genera a bajo costo, pero por un fenómeno de escasez de insumos como el suelo, agua, energía, calles y combustibles serán más caros siempre. Es decir, la ciudad está grande y majestuosa pero los recursos estarán cada vez más lejos de ella.
En el ámbito privado un estudio de la cámara Chilena de la Construcción indicaba el año 2006 que existían 2850 hectáreas disponibles para construcción en Santiago, recomendaban resolver con urgencia el problema de uso de suelos, pues la demanda de éstos alcanzaría sólo hasta el año 2008, este estudio coincide con la decisión tomada fíjense en el gráfico de disponibilidad de suelos.
¿Que hacer?, no se está haciendo nada para regular el tamaño de los centros urbanos, para hacer ciudades a escala humana, en que se puede llegar a todos lados siendo peatón, sin que esta experiencia del día a día genere estrés y mala calidad de vida, como veo en mi caso.
No se lo que pasa con los proyectos de calificación vial, el fomento a vivir fuera de la capital, nuevas fuentes de energía, modernización de los sistemas de distribución eléctrica, eficiencia energética, uso de aguas, pero no los veo en la agenda pública y lo más relevante ¿Como pensar nuestras ciudades? Tenemos gente buena y competente que puede hacer excelentes proyectos.
El rol de la regulación no corresponde al mercado, algo de perogrullo, sino a un Estado que piense en el bien común, de Todos no es redundancia, con un horizonte mayor a los 4 años que duran los gobiernos y en donde, lamentablemente, se han impuesto las decisiones cortoplacistas o con poca participación ciudadana, como la del plan de uso de los suelos de Santiago.
Sigue en pie la pregunta, ¿Que hacer?
En mi caso, estoy evaluando cambiarme a provincia, a mi ciudad Arica o Viña del Mar. El cuando coincidirá con el poder encontrar una actividad económica que me permita mantenerme con el mismo estándar que me otorga la concentración que ofrece la capital.
Compartir opiniones, historias, cuentos y anécdotas de viajes, de literatura, música y la vida con mis amigos de la red. Un abrazo.
miércoles, 27 de abril de 2011
miércoles, 20 de abril de 2011
Acatar o decidir
Diariamente nos encontramos frente la situación de tomar decisiones que pueden afectar nuestra integridad personal, en términos de seguridad y salud en el corto o largo plazo.
En mi caso, diariamente decido el usar la mochila con ambos tirantes, el comprar una colación sana o bien comida chatarra. El usar o no un cinturón de seguridad en buses, cruzar las calles en los lugares habilitados o circular en bicicleta por la vereda o la calle. En cada una de estas decisiones y en más de una ocasión, he decidido, no usar cinturón, cruzar a media calle, usar la mochila en un solo hombro, circular por la vereda y elegir el combo de sandwich con coca cola.
Mientras camino, reflexiono, las decisiones son obvias, pero elijo mal, se me ocurren justificaciones, como La variabilidad económica y la falta de un horario estable afectan la decisión en la comida; o bien, me pueden meter la mano en la mochila y robarme sin darme cuenta (o me pueden decir nerd, mi hija me lo dice, por usar correctamente la mochila frente a ella); o es incómodo usar el cinturón en buses, pues me quita libertad.
Hoy en Chile se discute el imponer a través de legislatura las dietas alimentarias a nuestros niños y jóvenes, el uso del cinturón de seguridad en los medios de transporte, usar las bicicletas en las veredas, y en medio de todas las medidas regulatorias me pregunto, en dónde queda nuestra propia capacidad individual de decidir y hacer bien las cosas.
Otra forma de influir en el comportamiento social practicado en el gobierno de Michelle Bachelet, de una manera más sutil que el gobierno actual, fue el imponer en nuestra cultura machista, cuotas de mujeres en cargos públicos. En un principio no lo compartía, pensaba en la mérito-cracia en lugar de las mal llamadas cuotas que ya eran cuestionables en su uso político. Hasta que un día, en un encuentro fortuito con un dirigente Aymara amigo de infancia, me comentaba que ellos luchaban para que en el gobierno regional de Arica se impusieran cuotas en cargos públicos para personas de pueblos originarios, él me decía que era necesario hasta que las personas comunes y silvestres se acostumbraran a ver indígenas como autoridades, acostumbrandose a su color y olor, forma de hablar y costumbres diferentes.
Luego de esa conversación con Xenón Alarcon, entendí cómo son los procesos humanos. Cómo sería nuestra sociedad hoy día, si se hubiesen tomado cuotas de indígenas para ejercer el poder, hasta este momento me pregunto por qué no hay jueces, abogados, fiscales o autoridades públicas de origen Mapuche en la región de la Araucanía (nombre español de esta región, debiera llamarse región de los Mapuches) hoy no los vemos integrados a la sociedad o bien, lo hemos impedido.
Tenemos 200 años de regulación propia, otras sociedades más ancianas, ya han tenido estos debates, de Endurecer las sanciones y luego la inercia cultural hace el resto. Hace poco estuve en Alemania y como muchos saben, en el transporte público nadie fiscaliza y controla el pago de pasaje. Si te pillan sin boleto debes pagar multas, no hay conocido o pariente que pueda sacarte la multa que es significativa, por bonito o influyente que uno ingenuamente quiera parecer. Es decir, no hay necesidad de disponer de aparatajes técnicos y administrativos enormes y caros para evitar el fraude, sólo se preocupan de entregar un buen servicio. ¿Simple?, no, son años de leyes duras en su cumplimiento para generar cultura.
Y puedo seguir con el caso de las mujeres, o en el tema de inicio, ¿por qué decido por lo que me hace daño (no menciono a la gente que fuma) en el corto o largo plazo?, algo pasó en mi educación y formación, estos temas no eran importantes, no eran visibles, resumiendo prefiero entonces la regulación.
Hoy voy camino al trabajo, con una manzana para la colación y la mochila bien puesta en la espalda, contento y sin dudas.
En mi caso, diariamente decido el usar la mochila con ambos tirantes, el comprar una colación sana o bien comida chatarra. El usar o no un cinturón de seguridad en buses, cruzar las calles en los lugares habilitados o circular en bicicleta por la vereda o la calle. En cada una de estas decisiones y en más de una ocasión, he decidido, no usar cinturón, cruzar a media calle, usar la mochila en un solo hombro, circular por la vereda y elegir el combo de sandwich con coca cola.
Mientras camino, reflexiono, las decisiones son obvias, pero elijo mal, se me ocurren justificaciones, como La variabilidad económica y la falta de un horario estable afectan la decisión en la comida; o bien, me pueden meter la mano en la mochila y robarme sin darme cuenta (o me pueden decir nerd, mi hija me lo dice, por usar correctamente la mochila frente a ella); o es incómodo usar el cinturón en buses, pues me quita libertad.
Hoy en Chile se discute el imponer a través de legislatura las dietas alimentarias a nuestros niños y jóvenes, el uso del cinturón de seguridad en los medios de transporte, usar las bicicletas en las veredas, y en medio de todas las medidas regulatorias me pregunto, en dónde queda nuestra propia capacidad individual de decidir y hacer bien las cosas.
Otra forma de influir en el comportamiento social practicado en el gobierno de Michelle Bachelet, de una manera más sutil que el gobierno actual, fue el imponer en nuestra cultura machista, cuotas de mujeres en cargos públicos. En un principio no lo compartía, pensaba en la mérito-cracia en lugar de las mal llamadas cuotas que ya eran cuestionables en su uso político. Hasta que un día, en un encuentro fortuito con un dirigente Aymara amigo de infancia, me comentaba que ellos luchaban para que en el gobierno regional de Arica se impusieran cuotas en cargos públicos para personas de pueblos originarios, él me decía que era necesario hasta que las personas comunes y silvestres se acostumbraran a ver indígenas como autoridades, acostumbrandose a su color y olor, forma de hablar y costumbres diferentes.
Luego de esa conversación con Xenón Alarcon, entendí cómo son los procesos humanos. Cómo sería nuestra sociedad hoy día, si se hubiesen tomado cuotas de indígenas para ejercer el poder, hasta este momento me pregunto por qué no hay jueces, abogados, fiscales o autoridades públicas de origen Mapuche en la región de la Araucanía (nombre español de esta región, debiera llamarse región de los Mapuches) hoy no los vemos integrados a la sociedad o bien, lo hemos impedido.
Tenemos 200 años de regulación propia, otras sociedades más ancianas, ya han tenido estos debates, de Endurecer las sanciones y luego la inercia cultural hace el resto. Hace poco estuve en Alemania y como muchos saben, en el transporte público nadie fiscaliza y controla el pago de pasaje. Si te pillan sin boleto debes pagar multas, no hay conocido o pariente que pueda sacarte la multa que es significativa, por bonito o influyente que uno ingenuamente quiera parecer. Es decir, no hay necesidad de disponer de aparatajes técnicos y administrativos enormes y caros para evitar el fraude, sólo se preocupan de entregar un buen servicio. ¿Simple?, no, son años de leyes duras en su cumplimiento para generar cultura.
Y puedo seguir con el caso de las mujeres, o en el tema de inicio, ¿por qué decido por lo que me hace daño (no menciono a la gente que fuma) en el corto o largo plazo?, algo pasó en mi educación y formación, estos temas no eran importantes, no eran visibles, resumiendo prefiero entonces la regulación.
Hoy voy camino al trabajo, con una manzana para la colación y la mochila bien puesta en la espalda, contento y sin dudas.
sábado, 9 de abril de 2011
Estar atento
Preparando un informe para el trabajo, recordé lo que me pasó el sábado 27 de septiembre del 2008. Pensé unos instantes en que uno anda preocupado de sus asuntos comunes y cotidianos; los acreedores; la pega; el colegio; o las cosas que uno quiere tener, o hacer. En eso pensaba también mientras caminaba por la calle 11 de Septiembre aquella vez, a mediodía en Santiago.
Me dirigía al gimnasio a botar lo malo de la semana y cargarme de energía, luego de ir a buscar una correspondencia en la Universidad. Mientras cavilaba, seguía caminando y vi una hermosa niñita (al rededor de 3 años, no más), me dio mucho gusto verla y le sonreí en forma evidente, ella iba cantando mientras corría y giraba junto a mi, me recordó a mi hija de la misma edad. Seguí caminando y cai en cuenta que no estaba en el living de mi casa, que esa no era mi hija y que ella iba en dirección a la calle. Me di vuelta mirando el entorno y no vi a su mamá o a alguien cercano a ella, excepto un hombre adulto, lejos a 20 metros, que despreocupadamente miraba una vitrina, junto a un niñito, que lucía algo mayor que la niña.
Giré, tiré el bolso al suelo y salí corriendo para interceptar a la niña,el hombre me vió y cayó en cuenta de lo que sucedía, comenzó a llamar a su hija con desesperación, "¡Cristina ven!" (no recuerdo bien el nombre que dijo), me llené de ira, la niña me llevaba 5 metros de distancia y sólo 2 metros la separaban de la calle. Luego la niña giró su cabeza y al verme correr hacia ella se asustó y se detuvo, abrazó la señal "Pare" de la esquina, entonces pude tomarla de un brazo, y la pude agarrar al fin.
La tomé entre mis brazos aliviado, un instante después llegó el hombre, me la quitó con algo de rudeza y me dio las gracias, sin mirarme a los ojos, dio media vuelta y se fue en dirección a la misma vitrina de donde lo vi anteriormente y lo esperaba su otro hijo (menos mal que se quedó quieto). Me dieron ganas de insultarlo, pensé que estuvo cerca de cambiar su vida para siempre, me dio la impresión que no salía frecuentemente con sus niños, no estuvo atento y casi lo paga demasiado caro.
En la tarde llegué a casa, cuando llegó mi hija, la vi y le abrí mis brazos, ella me gritó "¡Hola papi! ¿dónde estabas?" la tomé en brazos y le di un tremendo beso, e imité a Homero Simpson, con el cerdito de la última película, la hice caminar de cabeza por el cielo de la pieza cantando "spidergirl, spidergirl...", para horror de su madre que veía con espanto sus huellas marcadas en el cielo, mi hijita no paraba de reir. Luego la llevé a la plaza de mi vecindario en su triciclo, que todavía no ha sabido utilizar bien, jugamos un largo rato; en el columpio; en una pirámide de troncos; en el balancín y en la escalerilla. Luego, al atardecer fuimos juntos a dejar el triciclo a la casa, y nos dirigimos a comprar el pan calentito de la tarde. Al caminar y llegar a la esquina quise enseñarle a cruzar la calle, lo encontré pertinente, y ella poniendose las manos en jarras y mirando a ambos lados dijo "yo ya sé papi, no viene ningún auto" como si fuese lo más evidente del mundo para ella ("loser" pensé), pero yo no sabía que ella sabía. Le sonreí y le di la mano y caminamos juntos al almacén para comprar el pan calentito de la tarde.
Me dirigía al gimnasio a botar lo malo de la semana y cargarme de energía, luego de ir a buscar una correspondencia en la Universidad. Mientras cavilaba, seguía caminando y vi una hermosa niñita (al rededor de 3 años, no más), me dio mucho gusto verla y le sonreí en forma evidente, ella iba cantando mientras corría y giraba junto a mi, me recordó a mi hija de la misma edad. Seguí caminando y cai en cuenta que no estaba en el living de mi casa, que esa no era mi hija y que ella iba en dirección a la calle. Me di vuelta mirando el entorno y no vi a su mamá o a alguien cercano a ella, excepto un hombre adulto, lejos a 20 metros, que despreocupadamente miraba una vitrina, junto a un niñito, que lucía algo mayor que la niña.
Giré, tiré el bolso al suelo y salí corriendo para interceptar a la niña,el hombre me vió y cayó en cuenta de lo que sucedía, comenzó a llamar a su hija con desesperación, "¡Cristina ven!" (no recuerdo bien el nombre que dijo), me llené de ira, la niña me llevaba 5 metros de distancia y sólo 2 metros la separaban de la calle. Luego la niña giró su cabeza y al verme correr hacia ella se asustó y se detuvo, abrazó la señal "Pare" de la esquina, entonces pude tomarla de un brazo, y la pude agarrar al fin.
La tomé entre mis brazos aliviado, un instante después llegó el hombre, me la quitó con algo de rudeza y me dio las gracias, sin mirarme a los ojos, dio media vuelta y se fue en dirección a la misma vitrina de donde lo vi anteriormente y lo esperaba su otro hijo (menos mal que se quedó quieto). Me dieron ganas de insultarlo, pensé que estuvo cerca de cambiar su vida para siempre, me dio la impresión que no salía frecuentemente con sus niños, no estuvo atento y casi lo paga demasiado caro.
En la tarde llegué a casa, cuando llegó mi hija, la vi y le abrí mis brazos, ella me gritó "¡Hola papi! ¿dónde estabas?" la tomé en brazos y le di un tremendo beso, e imité a Homero Simpson, con el cerdito de la última película, la hice caminar de cabeza por el cielo de la pieza cantando "spidergirl, spidergirl...", para horror de su madre que veía con espanto sus huellas marcadas en el cielo, mi hijita no paraba de reir. Luego la llevé a la plaza de mi vecindario en su triciclo, que todavía no ha sabido utilizar bien, jugamos un largo rato; en el columpio; en una pirámide de troncos; en el balancín y en la escalerilla. Luego, al atardecer fuimos juntos a dejar el triciclo a la casa, y nos dirigimos a comprar el pan calentito de la tarde. Al caminar y llegar a la esquina quise enseñarle a cruzar la calle, lo encontré pertinente, y ella poniendose las manos en jarras y mirando a ambos lados dijo "yo ya sé papi, no viene ningún auto" como si fuese lo más evidente del mundo para ella ("loser" pensé), pero yo no sabía que ella sabía. Le sonreí y le di la mano y caminamos juntos al almacén para comprar el pan calentito de la tarde.
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