Esto se leyó en un colegio a los primeros básicos, celebrando un importante acontecimiento, cuando comenzaron a leer.
La literatura, marca una era, el inicio de la historia del hombre. Es tan compleja en su elaboración y a su vez tan simple, que hasta un niño lo puede aprender, tan importante porque nos ha permitido transmitir emociones, ideas o conceptos que de otra forma nos podría tomar una vida en poder generarlos, pero que en una acto y experiencia individual lo recibimos. Esta experiencia, nos permite transportarnos en el tiempo, desde convertirnos en un súper héroe, o comprender aspectos fundamentales de la vida, o hasta dejarnos llevar por un romance y en suma, vernos representados en los más variados personajes de las historia o la ficción.
Hoy simbólicamente nuestros queridos pequeños inician con esta ceremonia, algo similar a lo que le sucedió a nuestra humanidad con la escritura, dejan poco a poco de depender de la transmisión de información de los mayores, para iniciar un camino de autoaprendizaje maravilloso, sin límites y que hoy compartimos y celebramos con ustedes.
En un cumpleaños familiar, en medio de una conversación vine en recordar cómo cambian las personas al envejecer y padecen de episodios de pérdida de memoria. Antes se le llamaba vejez senil, o Arterioesclerosis, ahora se le llama el mal de Alzheimer.
Antes personas fuertes, de carácter, seres con un espacio ganado e iidentidad. Luego se transforman en personas distintas, todo eso que recordamos ya no está allí, su mirada perdida y sus chispazos de normalidad, producen esperanzas y una enorme pena y angustia a quienes lo rodean, el cuerpo es el mismo, pero la persona no es su misma esencia.
Uno de ellos, de quienes me ha tocado presenciar su proceso de disolución de personalidad es don Juan. Tenía más de 80 años, él me confundía con un amigo suyo de juventud. Me conversaba los sábados y domingos en las tardes, y me hacía recordar sus anécdotas comunes. Sus salidas, otros conocidos y conocidas, anecdotas que producían sonrisas ingobernables.
Él vivía en la comuna del Bosque y en una de esas tardes, mientras conversábamos, una persona nos interrumpió desde la calle, la reja de la puerta nos separaba de él. A través de ella, llamaba al anciano: "Tatahaha, tataahaha...hola, ¿puede venir?". Nos acercamos a conversar con el joven. Entre 20 y 30 años, delgado, sucio, con su hablar arrastrado y carraspeado, de falta de pulimento y conversación a gritos, le dijo: "Tatahaa, ¿tiene unas monedas?".
Yo le murmuraba cerca del oído, que no le hiciera caso que yo lo despacharía. El tipo me escuchó y le dijo "Tata usted me conoce yo no le voy a hacer daño". El Tata le dijo con su voz arrastrada en este caso por el tiempo: "Te daré unas monedas para que me compres un Kino y a la vuelta te daré una propina". Yo le dije que no lo hiciera, pero él estaba decidido. El muchacho en tanto, contestó "pero Tata, es muy lejos para ir a comprar" decía de mala gana, pero al fin aceptó y se fue.
Yo pensaba, don Juan ya estaba senil y le dije "don Juan no debió darle esas monedas, ese tipo no le traerá el Juego", y él me contestó, "efectivamente, sé que no volverá con el juego, pero tampoco volverá nunca más a pedirme algo", en el instante, la lucidez me bañó, asombro y vergüenza, el problema resuelto, don Juan le dije, es usted un maestro.
Y efectivamente, en ese instante de lucidez, con psicología inversa, no volvimos a ver al ejemplar. No perdamos esos momentos, el asombro y la maravilla siempre nos puede tocar con nuestros seres queridos.
En el último tiempo he estado volcado hacia adentro, tratando de recuperarme de problemas. He estado callado con mis pares, pero he concentrado mis diálogos con personas muy importantes para mí.
Primero, mi esposa, he sentido tanta presión como para hacer rebentar 10 ollas marmitas. En otra época, con mi actitud anterior, mi ánimo no era el mejor con mi familia, actuaba motivado por él, no dando oportunidad de entenderme, le contaba los problemas cuando ya estaban resueltos o cuando ya no había nada que hacer. Ahora es distinto, me he descargado con ella y ha sido un apoyo increíble, aunque se ha producido lo que no quería, le he transmitido mi preocupación, pero al fin de esto se trata la vida y me ha tenido satisfecho. Las arengas de la pareja son contundentes y se escuchan a todo volumen.
Lamentablemente, no cuento con ella todo el día, y el ánimo ha venido de mi Fe, en los momentos duros, el "Padre Nuestro" ha sido fundamental, su construcción, mantiene un equilibrio interno y nos mantiene conectados con el mundo, son palabras para agradecer y perdonar con cada frase con mucho significado. De estos rezos, conversaciones predefinidas, derivé al diálogo libre con el ser supremo. Son diálogos de duda, de consejos, de inconformidad, de agradecimiento y reproche. Es un diálogo, de mí hacia el universo, sin respuestas.
Por otra parte, no siempre lo hago, pero los diálogos conmigo mismo los había evitado inconscientemente, no obstante, se han repetido con frecuencia, Acá el diálogo en primera persona y en segunda y tercera también, parece esquizofrenia, pareciera que más de una persona interactúa internamente, el ser optimista y el pesimista, con posturas distintas, la pugna entre dejarse llevar y luchar, las discusiones con palabras de grueso calibre, de auto flajelación y del que, testarudamente insiste ante la adversidad. Es un diálogo vivo, con preguntas y respuestas inmediatas.
Mientras todo esto se genera diariamente, una conversación distinta me ha hecho muy bien, una persona al verme decaído, me dijo que alguien que trabajaba con él, en una postura pugilística, haciendo sombra, lanzando ganchos y upper caps y esquivando golpes ficticios, le decía, "ya poh, que vengan los problemas, acá los resolvemos". Que importante, la actitud, la postura física y el ánimo, créanme hacen diferencia.
Y un regalo para mí, alguna vez me gustaría tener la convicción y el poder para decir el siguiente diálogo, de la Película "Un domingo cualquiera"...