Luego en la escuela fui seleccionado, pero empecé a bajar las notas y me retiré (el entrenador me acosaba para que siguiera, pero me ponía en evidencia frente a todo el mundo, hubiese preferido una conversación personal), aparte el ambiente de los muchachos futbolistas no era muy bueno, las cosas del camarín no se comentan en público y me cambié al básquetbol, también me llamaron a la selección de Arica, pero por mi estatura y la posición que jugaba, que era baja para ser un pivote alto, sólo jugué en el liceo (hoy colegio), luego no seguí insistiendo y en la U me dediqué a sólo estudiar.
Recuerdo una vez un partido de campeonato,en una jugada me quedé botado en la delantera, hacía calor, había mucho sol (al parecer no hacía daño como ahora, o bien no estábamos conscientes del daño de los rayos UV) yo jugaba en peneca y en un contragolpe, el delantero contrario quedó mano a mano con nuestro arquero, nosotros nos miramos y dijimos "jodimos" el arquero no era bueno, no era un misterio, en esa época nadie quería ser arquero, por el peligro, así que le tocaba al más malo o al que el papá lo equipaba con guantes, rodilleras y polerones acolchados. Así que miramos de lejos y nos quedamos parados. El delantero pensó lo mismo, y se durmió, empezó a hacer lujitos, y yo dije chuata, creo que lo puedo alcanzar. Piqué rápido, tratando de no hacer ruido, si es que eso era posible. Los papás gritaban como locos, a favor y en contra "Pégale","Salele", "chutea","Bajen"...
El tipo se preparaba a gatillar, la cara de nuestro Arquero estaba pálida,su expresión decía, "patea y termina esta angustia", y ya lo tenía al alcance de un salto, así que me decido y me barro, arrastré unos centímetros, y con el costado derecho en el suelo, y se la quito y la saco al lateral. La gente gritaba "la muralla china" otros saltaban, se reían, otros se tomaban el pelo, se cubrían la cara, por mi parte me sentí increíble, el gol estaba cantado, y lo saqué.
El delantero, mas viejo que yo, estaba pasado en la categoría, me dio la mano "wena compadre" me dijo y me ayudó a pararme. Estando en pié, la sangre se enfría, el dolor llega, allí quedé tieso, me miro la pierna y comprendí el peligro de ser arquero en una cancha de Arica. La únicas canchas de pasto son las del estadio Carlos Ditborn y de la Liga de empleados particulares, ninguna más. La cancha, con suerte tenía tierra, eran puras piedras. Me quedó la mitad del pellejo del muslo derecho y parte de la nalga, en las piedras de la cancha, no podía caminar y me tuve que echar en el piso, me ardía la maldita pierna. Me tuvieron que sacar. Llegué a la casa orgulloso con el trofeo en mi pierna. La cancha estaba junto a la que aparece en la fotografía, era muy parecida a esta, las redes de los arcos eran redes de pesca, con olor a pescado y todo.
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| Cancha de tierra en la Calle Los Cisnes |
Recordaba cuando mi papá me gritaba de la orilla de la cancha, cuando otros papás gritaban también, y cuando veía jugar a mi hijo en la escuela de fútbol y se producía un diálogo entretenido, sicótico, patológico del cual yo participaba intuitiva y activamente. Los invito a leer el siguiente poema de Mauricio Redolés, les sugiero leerlo en voz alta, sin pausas, evocando su niñez y con sentimiento...
“Vaya sobre él
Vaya vaya vaya vaya vaya
No le crea
No le crea Está solo No le crea
No se deje engañar
Retroceda ahora
Vaya con él señor Vaya con él señor
Retroceda ahora
…
Aquí estoy yo
Aquí
Aquí estoy yo
Mía suya
Míreme Míreme
Míreme míreme míreme míreme míreme míreme míreme
míreme
No le crea
Míreme míreme míreme
Sígalo señor
No le crea
No sabe Está solo
No le crea No le crea
Sígalo Sígalo
Vaya ahí Vaya ahí Vaya ahí
No le crea No le crea
Sálgale
No le salga
Salga
Espérele
Crúcesele!”.
en el minuto 1:40 se encuentra esto recitado por Redoles, en una entrevista con Pedro Carcuro en "de Pé a Pa"

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