domingo, 12 de agosto de 2012

¡Si se puede!

Cuando comencé a trabajar en Santiago en un banco, conocí un colega que tuvo licencia médica por estrés, en ese tiempo no era frecuente que se diera un caso así, además, que aquellos profesionales TI que les daba esta dolencia,  caían en una especie de halo de desgracia. No se tomaban las licencias médicas y tampoco se las autorizaban.


Yo pensaba que las personas que sufrían de estos trastornos carecían de energía, de amor propio o simplemente encubrían alguna incompetencia profesional, todo esto mientras vivía mi camino de ignorancia. La vida es sabia y nos hace entender las cosas de la mejor manera.

Por circunstancias personales, tuve que ir a un médico especialista y me explicó, cómo sienten las personas que padecen un trastorno anímico, cosa que no entendía hasta muy adulto. Es cómo si vieran la vida con anteojos oscuros, aunque las oportunidades fluyan a su alrededor, aunque estés rodeado de buenas personas, de amor y fortuna, el día brillante se ve gris, la energía no fluye, la autoestima baja, la vida se detiene, se dificulta la comunicación y surge el aislamiento, las persona no quiere luchar y no encuentra razones para querer vivir. Es como vivir en un mundo paralelo.

Luego de eso empecé a cambiar de opinión, hasta que perdí un familiar muy cercano y luego un par de meses después me comenzó a ir muy mal en el trabajo. Me costaba levantarme cada día, por diversas circunstancias empecé a aislarme, a almorzar solo, los fines de semana me levantaba muy tarde, almorzaba y de vuelta a la siesta, hubiese dormido los días enteros. Veía cómo se acumulaban mis tareas domésticas sin hacer y eso me ponía cada vez más triste. Me tuve que encargar de tareas de liderazgo en un nuevo trabajo, pero mi cara no cuadraba con mi discurso, cuando indicaba órdenes, mi expresión corporal era insegura y fue tan notorio que me lo comentaron, me flaqueaba la voz y eso me afectaba cada vez mi estado de ánimo.

No me daba cuenta, pero caí en eso que castigaba cuando joven, y no lo anticipé de pronto me encontraba en ese estado, por suerte cuento con mi familia, que me ha apoyado día a día, todos esos aburridos días, y lo peor es que sólo uno se percata cuando comienza a salir del agujero. 

Hace algunos año viendo un partido por TV en un mundial de fútbol vi a un equipo latino, México creo, jugando con otro equipo superior, perdiendo 3-0 jugaban mal, pero la gente comenzó a alentarlos, "¡Si se puede, Si se puede!" la gente se contagió y el aliento bajó a la cancha. Poco a poco, comenzaron a mejorar, y empataron el partido la gente deliraba y eso que al principio me pareció algo ridículo, empezó a tener sentido. En esos días, recordaba la imitación de Kramer a Nicolás Massú, me decía "¡Vamos huevón, vamos, tienes que salir adelante, recordaba el rostro de mis niños, y me decía no tienes oportunidad de hacerlo mal, no puedes fallar otra vez, vamos huevón, despierta!" con alguna que otra oración y a mitad del día recuperaba el tono.

Por suerte, estoy teniendo mejor ánimo, pero hay otras personas con menos suerte y es necesaria ayuda externa, a pesar que estoy viendo la luz, siento que para acelerar el proceso, buscaré ayuda, alguien que me ayude a quitar mis lentes oscuros.

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