lunes, 10 de diciembre de 2012

El destino de mi teléfono en tres actos

Capítulo 1. Como les comenté en un texto antiguo, mi celular de BlackBerry (r) fue recuperado, en función de una sucesión de eventos, mi decisión de correr tras el delincuente, mi intimidación, la llegada de 2 muchachos en un vehículo que me ayudaron a recuperarlo, como lo pueden ver en detalle en Te voy a pillar #$%@#!.



Capítulo 2. Segundo aviso. Volvía de mis clases de procesos en la Universidad de Talca. Volvía tranquilo y contento fue una buena clase, tomé el bus de Talca a Santiago, 3 horas de viaje para contestar correos y terminar trabajos pendientes, consultoría, propuestas apoyadas por el teléfono recuperado en el Capítulo 1.

Luego del café, me levanto y me dirijo al baño, cierro y me veo al espejo, las ojeras de mi padre se reflejan y me miran, veo mi camisa fuera del pantalón, desorden. Me libero los pantalones, la correa suelta, y en ella el clip donde reside mi celular. Me acomodo los pantalones con rudeza, la correa dio un latigazo, el movimiento hizo salir volando el clip con el celular. Lo vi volando incrédulo, una parábola perfecta, no atiné a capturarlo en el aire. No puede ser, maldito teléfono, por mejor lo tenía en el clip, el destino, el aparato como guiado por un radio control, fue directo al WC, cayó en seco por trayectoria, pero húmedo por realidad.

Reacciono y llego un segundo tarde a tratar de "pelotearlo", cayó al vacío. Rápidamente, sin pensar mucho me arremango y busco tanteando, ciego, muevo mi mano y afortunadamente sólo encontré el Clip con el teléfono, lo rescato, lo abro, lo pongo directo en el chorro exiguo del lavabo, el objetivo es eliminar restos de Escherichia coli.  Tomo toalla de papel y lo seco, luego trato ingenuamente de encenderlo, pero sin éxito. Luego me lavé el brazo, asco.

Llegando a casa, apliqué secador de pelo y  lo dejé toda la noche en una fuente con arroz. Al día siguiente al servicio técnico, mientras pensaba en qué decirle al técnico, una señorita me pasa un formulario, le pregunto y me dice que sólo debo poner una opción. Leyendo, lo que más se acercaba era la opción "No enciende", me esmeré pero no leí "no funciona porque se cayó al WC", me ahorré los discursos y confié en su reparación. A las 2 semanas, me lo devolvieron como nuevo, le cambiaron la CPU y otra vez al ruedo y un mensaje del técnico "el aparato aparentemente sufrió una exposición exagerada a la humedad".

Capítulo 3. El Destino. Mi teléfono fiel seguía conmigo, le empecé a tomar cariño, hasta pensé en un nombre como "sigiberry" y así seguía muy satisfecho con él, hasta que un día fui al mall Plaza Vespucio a sacar unos bonos médicos. Ya hecho el trámite y devuelta al estacionamiento, recibo un llamado, yo confiado lo contesto, hablo y mientras lo hacía, vi que un grupo de 4 jóvenes venía contra mí caminando, revisando bolsas, presentí algo malo. Revisaban las bolsas, como recién robadas, me dio un escalofrío en la espalda.
Pasaron junto a mí, pensé "hasta acá llegué". Ya mi mente captaba todo en cámara lenta, los miraba por el rabillo del ojo, ellos me miraron también, pasaron junto a mí  y dije "safé".

Al otro lado del teléfono, el personaje no paraba de hablar, tomo confianza sigo caminando y siento a mi espalda el tirón, me arrebataron el teléfono de mi mano y salieron a la fuga. Sin pensarlo, otra vez salí corriendo tras de ellos, esta vez sin decir improperios, corrí ligero, el gimnasio me había hecho bien y le restaba distancia al ratero. Sin darme cuenta, se me cayó la chequera en la carrera y estaba corriendo por el medio de la calle Américo Vespucio, en dirección al paradero 14, a toda velocidad.

Estaba alcanzando al chico que me hizo el lanzazo, pensaba en cómo le iba a dar caza, pensé en un golpe en la cabeza, una patada voladora. Ya lo tenía al alcance de mi brazo, me preparo para la agresión y veo los rostros de los otros 3, perfectamente me podría arreglar al chico, pero los otros, ojalá no tuvieran armas, y empecé a detenerme, paré al medio de la calle con un amor enorme por la vida y mi integridad.

Me devolví por donde vine, pero esta vez por la vereda. No me sentí derrotado, tomé la decisión de dejar ir al "sigiberry",  además, vanidoso, no me pudieron dejar atrás en la carrera. Una señora preocupada me devolvió mi chequera, le agradecí tomando sus manos, otra vez una persona me tendía la mano y yo devolví malamente el gesto contando los cheques. Volvía al estacionamiento, agitado, pero tranquilo, lo que pasó tenía que pasar de una u otra forma, ya estaba escrito, mi porfía dilató el momento, lo hizo más anecdótico, pero el destino es muy poderoso y traza su guión para ser visto, leído y representado, y yo como personaje de Unamuno, no respetando mis líneas, una vez más casi meto la pata y me resisitía a la fuerza de los acontecimientos. No creo en el determinismo, pero hay varios ejemplos en mi vida que me hacen dudar.

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