viernes, 29 de abril de 2016

Lectura en frío

Soy Edmundo vendedor de tecnología, hoy subí al vagón del metro con la moral baja, con falta de ánimo. La reunión previa estuvo fría, mi interlocutor ni si quiera me miró a los ojos, sólo se tomaba el anillo de matrimonio y miraba su reloj inteligente que se conecta con su teléfono móvil. Dí una lata, o nos la dimos, pues ni siquiera me permitió empatizar con él,  me han entrenado en observar el entorno de mi interlocutor, reviso su página en LinkedIn o Facebook, reviso noticias relacionadas con su organización. Decidí  hablar del smartwatch, pero no encontré el momento y luego no seguí, uno tiene su orgullo también.

Mientras terminaba mi aburrida charla, cavilaba en que no pensaba cambiar mi reloj análogo, la lectura de sus manecillas es un arte, sólo acepto su fluorescencia, resabio de la guerra fría, de la época en que nací, llevo como amuleto su cargamento portátil radioactivo para recordar el temor con que crecimos.

Devuelta al vagón, miro a mi alrededor como me es habitual. La gente se ve acalorada, las mujeres con rostro rosado, los hombres con sienes sudorosas.  Estamos en media temporada, arriba en la calle varios grados menos, pero acá en el túnel mi ropa de lana  me hace sudar. Mientras desabotono mi chaqueta me fijo en un hombre mayor, delgado con anteojos de estilo, canoso, bien vestido, moderno, sin un smartphone, los hombres a esta edad no son cautivos de la pantalla táctil, quizás por la presbivicie. Llevaba en cambio una libreta y un lápiz Bic, escribía con letanía y una letra caligráfica, no bella, así como la del libro "ojo" del método Matte,  utilitaria y legible.

Me entretuve leyéndolo, interesado como viendo un oráculo, él se dio cuenta que lo leía, hizo un micro-gesto de desagrado, no actué en forma educada, pero así y todo no impidió que siguiera mirando. Anotaba nombre y apellidos de personas y junto a él una frase.

"- Sergio, oculta su cesantía, pronto quiebre familiar.

- Andrés, empleado brindaba servicios particulares de aseo en horario de oficina, gana juicio en tribunal laboral, pues las empresas no ganan. 

- Esteban, suda hasta en invierno, y siempre está en el baño. Está enamorado, pero no de una mujer."

No supe si eran recuerdos o proyecciones, me atrapó tanto por lo escrito, como el "cómo lo hacía".  Miraba al frente cómo si alguien le dictara, miraba el horizonte.

Lo último que vi quedó inconcluso, sonó la alarma de cierre de puertas, bajó raudo,fijando su vista en mi cara, palidecí, hasta ahora no entiendo cómo apareció mi nombre en su libreta.

"Edmundo, él terminará y pronto conocerá quién fue la persona que..."

viernes, 18 de septiembre de 2015

El señor Presidente

El señor Presidente. 
En muchas películas y series de televisión de USA, se ve el comportamiento y trato de las personas a la institución presidencial, e independiente del personaje de turno, por cuestionable que sea, se habla de "señor Presidente", sobre todo cuando hay calamidades mundiales. No hago referencia a Miguel Ángel Asturias, sino al respeto a la institución.

Tanto al presidente Piñera, como ahora a la sra. Bachelet le hemos perdido el respeto a esta institución, me incluyo.

Sin embargo, creo que debo cambiar, pues independiente de las capacidades y errores que puedan cometer y que han hecho, nuestro espíritu debe unirse frente a algo común, como nuestro país y nuestros hijos para guiarlos por el camino y hacer bien las cosas. En cambio, el murmullo, el meme cruel y chaquetero, el insulto twittero anónimo, como los hinchas violentos de los estadios, no construye nada, me bajo de eso.

La sra. Bachelet ha enfrentado varias calamidades en su mandato, gestadas naturalmente o bien por acción propia, algunos le dicen yeta, esto lo encuentro básico y corruptor, me hace pensar que tenemos lo que merecemos. Todas todas estas cosas pueden derrumbar a cualquiera, reconozco resiliencia y voluntad (no quiero creer en voluntarismo y obstinación).

Hoy frente al terremoto y maremoto del norte chico de Chile y porque las palabras crean realidad, conduzcámosla, con oración, palabras, dichos y pensamiento para hacer bien las cosas, con refuerzos positivos a todas nuestras autoridades.

Felicito a la sra. Bachelet, porque se nota que hoy el país reacciona distinto frente a un evento real y calamitoso, hay trabajo y la gente ha cambiado y como en las películas gringas yo le digo hoy, señora Presidenta.
Roguemos (sí con fe y confianza) para que las ayudas sean eficientes y lleguen a quien correspondan y que nuestras autoridades estén a la altura y escuchen los ruegos, que les lleguen y que sean dignos de nuestra confianza.

lunes, 9 de marzo de 2015

La danza de la realidad

He leído en distintas fases de mi vida a Alejandro Jodorowsky, en un momento pensé dejar de leerlo, pues inevitablemente me empuja hacia un camino de reconocimiento interior que atenta contra el materialismo de mi quehacer diario. Por otra parte, continuamente escucho a personas que no entienden su mensaje, lo abordan desde la vereda de la razón, pues la lectura no es sólo lectura, es un acto de involucramiento y transformación, sin la vivencia o experimentación no es posible su entendimiento, esto me hizo tomar distancia.

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Una tarde de viernes, sintonizado un programa en radio Duna, en el programa Terapia Chilensis, me encontré a Héctor Soto resumiendo las películas del año 2014. Hablaba favorablemente de este libro (2001) y de la película (2014), su compañero de programa habló del autor quitándole valor literario o artístico, pero sin haberlo leído. El diálogo pasó eso sí por las figuras, sus escenas. En particular de una mujer orinando en un close up de su vulva en pantalla gigante (debo ver esa película), pero el libro es mucho más que esa escena caricaturizada.

Soy nortino, ariqueño y el autor tocopillano. Las cosas que se viven en el norte de Chile son surrealistas, quizás por la falta de agua, la pobreza,  la brujería,  la envidia, la escasez de éxito, la explotación, el abuso, moldean los pueblos y su gente. Por eso al leer el libro me sentí identificado (similar a lo que siento al leer a Hernán Rivera Letelier) en la sequedad, donde nada crece y sin embargo vive el hombre. Luego en el traslado a Santiago, el niño Jodorowsky descubre el desarraigo, la búsqueda incesante de amor,  la magia, el descubrimiento del inconsciente,  el odio a su padre, la realidad que juguetea ante el incesante relato y desfile de personajes e historias y sobre todo en el descubrimiento de su vivencia interior.

Es un libro que palpita, que habla al interior, algunas imágenes me duraron horas, muestra la historia personal (yo no soy lo suficientemente maduro para contar las historias personales y familiares que son relatadas, secretos de familia)  y de los lugares y personajes con que el autor interactuó en su vida, con Nicanor Parra, Enrique Lihn, Stella Díaz, Marcel Marceau y otros notables, mezclados con otros anónimos, curanderos, artistas, charlatanes, cineastas, tanto que contar que el libro se queda corto. Yo uso el metro para leer, a veces me quedaba sentando en el andén leyendo, no podía dejar el hilo de la historia, y luego caminaba al trabajo como un zombie, mi consciente convertido en un hombrecito en mi cabeza conduciendo mi cuerpo como un Robot (Mazinger Z).

 Una historia que me emocionó, me hizo partícipe, que me señaló un camino, me dejó tareas y actos psicomágicos por hacer. No sé si todo el mundo gustará del libro pero fue de todo mi gusto leerlo.

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