sábado, 20 de junio de 2009

¡Te voy a pillar!

Voy a comentar lo que me pasó hace un par de horas.
Venía del trabajo, me bajé del metro y tuve que pasar a comprar una pintura en aerosol que mi hija, me pidió con la anticipación acostumbrada de nuestros hijos. Tuve que correr antes que cerraran el Home center, pero al fin pude comprar.

De vuelta al paradero tomé el bus troncal y luego me bajé para tomar el otro bus de acercamiento de camino a casa. Bajé y no había nadie en el paradero, pensé en caminar a la casa, pero estaba un poco cansado. Eran las 21:30 y saqué mi teléfono e hice un par de llamadas, di mi pésame a un pariente cercano (una triste noticia del día), conversé con mi señora y en el intertanto se sentó junto a mí un joven, vestido de buzo deportivo, jockey y zapatillas.

No me llamó la atención, ni siquiera la canción que tarareaba "sin walkman", ni que se sentara demasiado cerca de mi persona, a mi izquierda. La derecha de la banca del paradero estaba vacía, no pesqué. Justo cuando empecé a buscar un número de teléfono, este muchachín, me agarra el teléfono y sale corriendo hecho un "Usain Bolt", cruza al frente de la calle y me cayó la teja, "chuta al fin me pasó, dije" y me puse a correr tras él, andaba con el notebook en la mochila y el tarro de pintura de mi hija, salí corriendo como un vólido, bueno como camión petrolero, más bien.

No miré la calle, crucé y lo salí persiguiendo, lo tenía cerca, le gritaba "te voy a pillar #$%&##$, te voy a pillar #$%#%&@". Mientras le decía esto, lo hice varias veces, el tipo miraba para atrás, yo intentaba asustarlo, pues no estaba dispuesto a dejarlo escapar, violó mi intimidad.

Mientras corría, pensé como decía un amigo "para todo se necesitan dos", siempre había sido cuidadoso, pero ahora, por qué no miré a la cara al tipo, siempre miro a la gente de frente, a veces eso es disuasivo, lo ignoré. También pensé, que tuvo tiempo para analizarme, me vio con mochila en la espalda, y también adelante, seguro pensó es un "tiro seguro", claramente me subestimó.

Seguía corriendo por la calle oscura, le gritaba "te voy a pillar @#$%&, Te voy a pillar!", ya no me respondían igual las piernas. Recordé el chiste de Daniel Vilches, cuando caminaba por el paseo Ahumada con una torta de cumpleaños para su hijo y se la robaron, un lanza, igual que a mí, y le decía, "la torta, oye poh! la torta, devuelve la torta poh!, hey! la torta! y luego terminaba diciéndole "Feliz cumpleaños conch...".

Le seguía gritando, pero me llevaba más de 30 metros de distancia. Pensé tendré que bloquear el teléfono, y mi velocidad iba decayendo. Me estaba dando tentación de risa, pues le decía "Te voy a pillar" y ya iba como media cuadra de distancia y me empecé a resignar. A todo esto yo iba por el medio de la calle, y pasó un auto en contra de mi sentido, con 2 jóvenes dentro y me gritaron, "¿Te asaltaron?" yo le dije que sí. Dieron vuelta en "U" quemando neumáticos, y lo comenzaron a perseguir. Yo paré a recuperar el aliento.

El tipo giró y entró en un pasaje, y el auto paró a la entrada yo aunque exhausto dije bueno aver qué sucede (en una de esas me desquito de lo que le debo al banco, dándole de patadas al infeliz), y vi que el tipo se devolvió del pasaje, los muchachos lo acorralaron, y soltó el celular (lo botó con violencia), los muchachos lo recogieron y el lanza salió corriendo en dirección contraria hasta perderse, luego llegué yo, animoso y sorprendido.

Me dijeron que el tipo no alcanzó subir la reja del pasaje, se notaba cansado sonreí al instante, ellos simularon tener un "fierro" (pistola) y botó el celular. Les agradecí, estaba muy confundido y no atiné a decir nada más que gracias, pensando muchas cosas, me llamó mucho la atención su temerario comportamiento, más no el mío.

Unos años atrás un colega de aerolínea, paró a poner combustible a su automóvil y lo asaltaron, le quitaron la billetera y el asaltante salió en fuga, mi colega salió tras él, al girar en la esquina, estaba esperando el cómplice del asaltante que al encontrarse con él, le dio un puntazo en el pecho y murió al instante.

Me llevaron a la casa, yo no sabía que decir, me despedí de ellos, entré a casa y le hablé a los niños, hablamos del cuidado que hay que tener, llamé mi señora desde el celular recuperado y me dijo "tuviste suerte esta vez, piensa que es tu regalo de cumpleaños estar sano y salvo y ten más cuidado".

viernes, 19 de junio de 2009

El Gen Ratero

Quería comentar lo que me pasó hace poco en un parque de entretenciones de Santiago. Fuimos con mi señora, mis hijas, un amigo y sus hijas a Fantasilandia. Lo pasamos excelente. Me subí a todos los juegos que hacen mover el estómago desde la garganta a los tobillos.

A mi amigo lo vi complicado, desviaba las invitaciones con evasivas, extrañamente no convincentes, estaba pálido, pero lo convencí de subirse al juego más intenso al principio de la jornada. Luego no se subió a ningún otro, le agotamos la cuota de adrenalina del año, ni al barco pirata lo pude convencerde subir. Hasta el final del día se entretenía mirando las caras de los que sí se atrevían a la aventura. En mi caso, yo disfruto más que mis hijos, me encanta el entregarme al juego, no afirmarse, sino confiar en la seguridad de los arneces y relajarse, y de verdad me relajan.

En mi infancia, en mi ciudad de Arica, de vez encuando llegaban juegos itinerantes, "Fisa", "PlayerLand", esos sí que eran peligrosos, las sillas voladoras, volaban con todo y gente. Recuerdo un juego en especial, "El palacio de la risa" (un amigo me lo recordó) consistía en un Disco de Madera (hoy debe estar en un museo de la inquisición española) de tres metros de diámetro aprox. en el piso, lo enceraban mucho, uno se metía adentro de un recinto cerrado que apenas contenía el disco, sólo para varones (jackass es un plagio de la Fisa), era un quilombo. Empezaba a girar y uno se trataba de mantener en pie, pero alguien se caía, y comenzaba el efecto dominó, patadas en la cara, golpes a mansalva, caidas sobre el coxis, una vez me pegué en la boca en el centro del disco y luego salí disparado y reboté contra la muralla, muerto de risa, dolor y la ropa hecha un desastre (mi señora habría asesinado  a mi hijo si hubiese hecho lo mismo), muy intenso. Siempre iba con mi primo "Pachuco". Además, era bonito porque me encontraba con amigos y amigas de todos lados de la ciudad y otros que conocías en el lugar, además, algo que ya no se usa, se pagaba por cada juego.

Volviendo al presente. Mi señora tampoco se sube a ningún juego, se entretenía con mi niñita más pequeña "en las tacitas" y el carrusel, luego nos turnamos. Ella, mi hijita, estaba feliz súper entusiasmada, con 4 añitos logró subirse a juegos más intensos que mi amigo. Ya finalizando el día, nos paramos de una banca y a mi amigo se le quedó la cartera de su hija. Nos devolvimos y obviamente ya no estaba. Nos pusimos a buscar, a notificar a Informaciones, revisar basureros y estar atento a las personas. Lo importante eran los documentos, el dinero ni pensar en recuperarlo.

Por un rato nos bajoneamos, pero luego nos repusimos, se acercaba la hora de cierre y había que aprovechar los últimos minutos, carpe diem. Mi señora llevaba una pelota de playa que "gentilmente" le regaló un caballero y un sombrero, que me gané en otro viaje de trabajo unos años antes. Mi señora, mi amigo y mi niña más pequeña nos miraban de lejos, mientras estabamos en el último juego. Yo la miraba en cada vuelta, hasta que repentinamente los perdí de vista.

Al bajarme me contaron, se habían parado del asiento, y adivinen, fue un par de segundos, y desaparecieron sombrero y pelota. El "gen ratero del shileno" again. Nos dijimos burlonamente "en Europa somos tristemente famosos por esto", no sé en qué período migratorio llegó a nuestras costas, pero acá se perfeccionó, pero hablando bien en serio, ni se compara con la explotación Europea de tantos siglos de nuestra Pacha mama (sabias palabras de una ex colega en LAN Airlines), ni tampoco a los brillantes creadores de instumentos financieros que tienen en bancarrota al mundo entero. Luego de la rabia, me resigné, igual lo pasamos bien.

Conduciendo el auto a casa recordé. Evoqué un viaje de negocios, rectifico le decíamos "Vacaciones de Servicio", viajamos a Orlando a un centro de conferencias (casualmente un día nos llevaron a los Estudios Universal, great!), fui con otro colega que actualmente trabaja conmigo. A estas cosas nos invitaban los grandes fabricantes de software, hoy extintos, a una conferencia anual de usuarios, en una oportunidad, yo entrando a una sala de conferencias, observé que había una pirámide hecha de Naipes, super lindos con el Logo del organizador.

Observé a cada persona, a cada "gringo", todos entraban y sacaban un naipe, sólo un naipe. Así sucedía todo, hasta que se acercó la hora de inicio y pensé en entrar posterior al cierre de puertas. Si, comencé a planear, a pensar qué decir, excusas, mirar al rededor, a sudar un poco, a planificar la fuga, a abrir el cierre del bolso y sentí unas ganas incontrolables de llevarme todos los naipes. Pensé en la gran utilidad de los naipes, imaginé a mi hijita chiquita aprendiendo a jugar solitario, a mi hijo jugando conmigo al póker, a mi mismo lanzando cartas al aire simulando un boomerang, a mis compañeros de trabajo agradecidos de tan magnífico presente, compensando mi karma, el que yo pudiera ir a esos viajes y ellos no. Eran razones necesarias y suficientes.

Esperé a que entrara la chica de la recepción y ataqué, saqué como 8 naipes, y si sentí placer. Estaba en eso, contento como cerdo en fango (como dice mi hijita), cuando abre la puerta la niña y me ve con todos los naipes. Se me cayó la cara de verguenza, devolví 3 asegurandome que me viera y le pregunté si me podía llevar más que uno, ella se sonrió (quizás diciendo "maldito sudaca") y me dijo que eran para eso, los guardé en mi bolso y entré a la sala.

Durante los siguientes días, me llevé cuanta cosa regalaban en esos lugares, aprendí a convivir con esos impulsos, los sentía míos, pero no sentía el mismo placer que al principio. Luego en el hotel antes de venirme, boté la mitad de los papers, llaveros y cachivaches, triste, pero al menos me llevé los naipes.

domingo, 1 de marzo de 2009

La Robotina, el colombiano y el pianista

Ayer, fue un día especial. No he estado bien de ánimo los últimos días, hay muchas cosas en mi cabeza y las ideas me nublan. Estoy en una labor de reconstrucción interna de algunos patrones de comportamiento que me han hecho mal, el tema es que me cuesta controlar mi ánimo, estoy muy influenciado por lo externo y creo que lo mejor es volverme hacia dentro. 

Me recuerdo de mi gatito negro que tenía cuando niño, cuando venía herido de una pelea, se quedaba en un rincón del patio trasero, quieto por unos días, sin comer, sin moverse, yo lo miraba desde mi ventana con un poco de temor y pena por que se muriera (en un encuentro boxeril le cortaron la oreja y en otro la cola), de repente, llegaba a la cocina a pedir leche maullando, con ese estilo de maullar insistente que mostraba su buena salud, se recuperaba así de rápido. Luego al leer un libro de Pilar Sordo entendí esa forma de comportarse, propia de los individuos masculinos.

No quería hablar de eso, pero así me sentía. Mi hijo me dijo que iba a un concierto de Chancho en Piedra, yo recordé que le dije que quería ir, podía ser la oportunidad de ir con él, la entrada estaba barata. Ya poh!, le dije al diablo eso del gato, y fuimos no más. 

Llegamos al lugar, el Galpón de Victor Jara en la plaza Brasil, faltaban 30 minutos. Fuimos a comprar, él una bebida y yo un helado. No habían más que 15 o 30 personas. Supe por la entrada que era un evento a beneficio, me dio un poco de pena no ver tanta gente. Recordé la inquietud por cuanto no llegaba mucha gente cuando organizabámos fiestas en la Universidad para la sala cuna donde iba el Angello (mi hijo). Me angustiaba, pues con eso pagábamos los sueldos y gastos los padres Universitarios, pero luego al rato llegaban los muchachos y comenzaba la fiestoca y se arreglaba todo (fueron los indicios de los carretes largos, de inicio a media noche). 

Nos sentamos en la esquina cerca del local, y esperamos los 30 minutos, no se veía mucha gente. Y siguió la espera, conversamos con el Angello muy relajados, nos reíamos de los parecidos de la gente que pasaba (tengo la mala costumbre de encontrar parecidos a la gente, herencia de mi padre, a veces nos reimos mucho, a veces sólo yo lo hago). 

Se acercó una mujer a pedirnos un cigarrillo (se parecía a la Robotina: Katty Barriga, pero en fase terminal), mi hijo nervioso, yo le dije que no fumaba y se fue diciendo obsenidades. La observamos un rato, se acercó a todos los cansados especímenes de la plaza Brasil, buscando algo, pensé que por una razón para insultar un hombre y descargar una pena rebelde; o simplemente por una invitación a un trago, no tenía álito, pero estaba deshinibida, pero se comportaba como si lo estuviese y rápidamente buscaba otro grupo u hombre solitario, tenía un tatuaje en la espalda (como los violines, pero perpendicular a la columna), con esa hambre de buscar no sé que cosa.

Nos cambiamos a las bancas frente al local. No llegaba la gente, ni tampoco los músicos, 21:20. Luego llegó el baterista y el vocalista (ritalin) muy sencillos, les saqué unas fotos con el Angello, unas niñas con juanitos enchulados le pidieron autógrafos (Juenitos: alcancías de plástico del chancho llamado Juanito, personalizadas, uno estaba adornado como la rupertina, me dio mucha risa). Pensé, que bien estos tipos dan de su tiempo para este tipo de actividades, me parecieron solidarios de verdad, sin publicidad.

Pasó el rato y se acercó un hombre que claramente tenía en el cuerpo unas copas de más, se veía inofensivo, con una botella de cerveza en una mano y con una bicicleta en la otra. Me preguntó la hora con un acento extranjero, le respondí en inglés, 21:30, no se movió, quería hablarme. Estaba molesto, al final se puso a hablar, contó que una mujer le pidió la bicicleta para dar una vuelta y él pensó que se la robaría (demoró un rato en contar eso). Entendí que el hombre era colombiano por su acento, se sentó junto a mí (yo clarito, le hablé en inglés, en todo caso el Angello también pensó lo mismo que yo), en eso llega la mujer, si señores, era la robotina, y le miró en menos la bicicleta, le dijo que le pusiera baselina a la bici (imaginen el resto), si solo quería dar una vuelta en la plaza y al fin se fue a conversar con un grupo de muchachos que jugaban ping pong en la plaza. El hombre no entendía nada, andaba con una especie de "banano" y metió la mano, allí me puse nervioso, al final sacó unos cigarrillos y un encendedor. Luego se paró y pues reconoció un amigo y lo fue a saludar.

Se pusieron a conversar, y nos integraron a la conversa, al final ellos se conocieron en un local, un pub, y se habían encontrado un par de veces, el muchacho era músico, pianista del conservatorio de la Chile. El colombiano, dijo que venía de Venezuela, que tenía una hija en Cali que no la veía hace 2 años. El colombiano, no dejaba de decir que el muchacho tocaba el piano, "por mi santa madre que toca el piano". El muchacho, estaba triste, era músico, pero no tenía trabajo, lamentamos juntos las faltas de espacio y oportunidades, hay pocas orquestas que generan empleo estable y se manejan un círculo de influencias cerrado, pero estaba orgulloso de haber conseguido un concierto el viernes pasado en el Edificio Telefónica. El colombiano quería que mi hijo hablara, para mi que el acohol y mi berborrea lo tenían al borde del desmayo, lo obligó y que yo me quedara callado escuchando, él dijo, lo que me presumía, "no me gusta estudiar", me dio risa. 

Hablamos de todo, política, participación, el convencerse que la acción efectiva de participar hará que de a poco cambien las cosas, ejerciendo nuestros derechos y no dejando pasar las cosas. El muchacho con fe y un poco desilusionado del sistema (al final del concierto me dijo que quiere hacer un proyecto de musica en las poblaciones, le dejé mi e-mail). El colombiano no entendiendo nada "again", ahogando su dolor en alcohol, huyendo de país en país, al darme cuenta que comenzaba el espectáculo, le di un abrazo y le dije que se fuera a su casa, que le podían robar su bicicleta y que ahorrara ese dinero del acohol y se lo guardara a su hija, se me puso a llorar, pero contenidamente y nos despedimos. 

Eran las 23:00 y nos hacen pasar al local, a medio llenar. El show comenzó a las 23:30, reflexionamos con el Angello, yo le dije que esos encuentros "casuales" hacen bien para el alma, nos hacen tener una ventana en las vidas de 2 mundos, inimaginados y ver el nuestro, compararlo, que no está nada mal después de todo (bueno, eso lo pienso yo).





En el galpón, niños, jóvenes, adultos, muy pocas personas, me sentía mal, pero empezaron a poner a tono los instrumentos y dije, ya, vine a pasarlo bien, démosle. El show espectacular, me saco el sombrero por el profesionalismo de los Chancho en Piedra, actuaron como si estuviesen en un estadio lleno, con los ojitos rojos, en trance. A todo esto el guitarrista se parece a mi amigo Daniel Ayala y también le dicen cabezón. El sonido, la energía, todos cantando, saltando, el Angello con su pumping head, luego una ronda alrededor de los juanitos, mucho desorden, buena onda, buena juventud y yo que quería quedarme quieto en un rincón de mi casa, viva Chile mierda y los chancho en piedra...

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