Almorzando cerca de mi trabajo, concentrado en cómo hacer mejor las cosas, escuché una conversación de la mesa vecina acerca de las gracias de un perro callejero y me acordé de mi más querida mascota. Por la década de los 90s vivía en un barrio de la comuna de El Bosque en una casa, con mi joven familia, arrendaba y los dueños no permitían mascotas, en un principio tampoco querían niños y me aceptaron con mi travieso hijo y con mi hija encargada a los repollos y París.
Un día llego a nuestra reja un hermoso perro macho, era colorín, café claro con pecho blanco. Su aspecto era imponente y joven, del hocico para abajo era un golden retriever y de allí para arriba indefinido, seguramente estaba perdido y salió en busca del amor esquivo. Estuvo un par de días fuera y mi señora le empezó a dar agua y comida. Empezaré a tener problemas, pensé y así fue. Mi esposa me decía "haz algo", mi vecino del frente me decía que lo entrara, yo no quería entrarlo por el peligro que representaba tener un perro callejero para mi hijo pequeño y la restricción del arriendo.
Un día domingo me dio pena, fui a alimentarlo y ... conocí a mi perro, le di agua y comida en depósitos plásticos, él tomo agua y al terminar de beberla tomó el depósito con el hocico y me lo acercó, con la misma expresión del gato con botas de Shrek, casi me salta una lágrima. Yo entendí que quería más y luego le dí más agua y me dio la pata delantera, increíble, me reí a carcajadas, con la típica expresión ¡que buena!, pero no había ningún testigo con quien comentar. Con esa acción el perro me domesticó, como el caso del zorro y el niño, del libro El Principito. Me decidí y hablé con mi mujer, lo entraría. Salí ese u otro día y el perro ya no estaba, lo tenía mi vecino del frente.
El vecino era taxista y tenía un perro macho adulto quiltro de color negro. Estuvo unos meses al frente, los dos no se llevaron bien. Un día se pusieron a pelear, el colorado era alfa, y no aguanto someterse, el vecino me lo trajo todo ensangrentado el hocico, me dijo que le puso Nerón y que lo entrara. Acepté no dije nada y lamenté mi falta de decisión, para las cosas de trabajo soy más decidido.
Estábamos contentos, somos gente de mascotas, hubiera preferido elegir un perrito de cachorro, pero llegó éste y teníamos que hacer que funcionara, la vida siempre me ha entregado regalos y acostumbro recibirlos con humildad.
Él era macho alfa, me costó hacerle entender, en ese tiempo no estaba el Encantador de Perros ni You Tube, menos mal, no usé métodos muy ortodoxos. Comencé por enseñarle a traer el diario, él me daba la pata, luego enseñé a que se hiciera el muertito, él me daba la pata, luego que se sentara, él me daba la pata. Al abrir la puerta, salía corriendo como un demonio. A veces volvía a los minutos, otras a los días, en estos últimos venía sucio y hambriento, una vez anduvo perdido por más de tres días, fue difícil que mi gente se contuviera por el temor a que no volviera, pero era el llamado de la selva.
Era cariñoso con mis hijos y fiero con los extraños. Mordió a mi papá, a un amigo y a un viejo mal educado que me traía el diario. Un día estando mi señora en el ante-jardín, vino este personaje y viéndola, igual le lanzó el diario. Nerón estaba en la calle y entendió su gesto mal educado como peligro, y le mordió el traste, tuve que pagarle medicamentos y lucro cesante.
Era un poco racista y territorial, odiaba a los gatos, se encargó de despachar al menos uno, ese acto fue impactante, me tuve que deshacer del minino en la basura, era el gato de algún vecino, tenía collar, era lindo, pero no tanto para mi perro. Racista, al parecer recordaba al perro de mi vecino, que era negro, este animal veía un perro negro y no había caso, pelea segura.
Un día lo paseaba en la plaza cerca de mi casa, de pronto vi una perrita callejera también Nerón. La vida amorosa de los Quiltros es triste, como son mezclados uno no puede contactar novias, ellos se las tienen que arreglar solitos. Como decía, vimos la perrita y Nerón se puso inquieto. Lo solté hice mi acción maliciosa del día, él miraba a la perra, pero oh casualidad, un perro negro venía caminando en dirección a la perra. Entonces Nerón entró en conflicto, se concentró, miró a la perrita, luego al perro negro, perrita, perro negro, perrita. Como en la fábula del sapo y el escorpión, su naturaleza fue más fuerte, se lanzó contra el perro negro a pelear, su contrincante era más pequeño, lo agarró del cuello y lo empezó a azotar de un lado a otro. Allí apareció en escena el dueño del perro, me empezó a insultar a mí y a Nerón, vociferaba, moviendo los brazos, tomándose la cabeza. !Chuta! dije, "hasta acá no más llegamos compadre".
Mi perro tenía un collar de ahorque, lo tomé por el collar y lo alcé en el aire, a Nerón y colgando a su rival. El contrincante colgaba maltrecho con una mirada de terror instintiva y me miró directo, como diciendo sálvame qué esperas. El tipo del frente me seguía amenazando, yo con los 2 perros en el aire, hasta que la asfixia hizo su labor, el perro negro calló al suelo. Nerón perdía sus fuerzas, el perro empezó a morder los cuartos traseros de Nerón (y para eso querías que te salvara mal agradecido, pensé), yo estaba muy alterado así que le mandé un shootMándate a cambiar inmediatamente", y que no se había dado cuenta que le había salvado la vida, se fue rapidito, pocas veces he sido tan asertivo. Mi amigo Jaime, me comentó insultándome como siempre, siendo él tecnólogo médico, que un carabinero hizo lo mismo al separar una pelea de perros (obviamente policiales), perdió tres dedos...
Luego más tranquilo, Nerón me miró y cayó al suelo, desmayado. No fue mi intención hacerle eso, sólo quería que se divirtiera, pero sus traumas juveniles, mi falta de visión e irresponsabilidad tomaron curso, estuvo desmayado como 1 minuto. Pensaba en qué iba hacer, o decir, cómo iba a explicar todo lo que pasó, mi mujer me iba a desollar y cubrir mi piel expuesta con ajo y luego me espolvorearía azúcar y finalmente, me sentaría en un hormiguero. Luego despertó, (me volvió el alma al cuerpo) me miró, el Nerón me langueteó la mano con la que le hacía cariños, lo ayudé a levantarse y me lo llevé a casa, él movía su cola, contento.
Era fiero, pero gentil, mi vecina del nuevo barrio donde me cambié, tenía una perrita chica. Ella dejaba abandonada su mascota a su suerte, sin alimento, abrigo y sombra (el cuidador de la plaza la alimentaba), pero mi perro la dejaba entrar en la casa y la dejaba alimentarse de su plato, un caballero con ella. Un caso aparte, esa animalita, me refiero a la perra de mi vecina, no me dejaba dormir, se ponía a ladrar junto a mi ventana, menos mal que se mudaron hace un tiempo.
A los años, ya viejo empezó a tener problemas motrices, primero sus cuartos delanteros, luego los traseros. A pesar de su falta de motilidad, gemía cuando quería ir al baño, yo lo llevaba en brazos, mi señora hacía lo mismo, al final de tres semanas no podía controlar ni siquiera su cabeza. Una tarde bien entrado el año 2005, me llama por teléfono mi señora, me dice que él estaba mal. Ya habíamos conversado del triste asunto, llamamos a un veterinario amigo y nos recomendó que lo durmiéramos, por teléfono indiqué que estaba de acuerdo y se fue, lo más digno que pudimos se durmió, apaciblemente, para siempre. Mis niños estuvieron tristes, les explicamos de la vida y la muerte, ellos vieron el proceso y esto ayudó a aceptarlo. También estaban impactados con la enfermedad que en ese mismo tiempo enfrentaba mi madre, y ahora nuestro perro, tal como llegó intempestivamente se iba.
Hoy lo recuerdo, cuando mi hijo se creía Dexter (serie animada de cartoon network), con su laboratorio y el perro junto a él, era uno más, luego con mi hija, él era en extremo paciente con ellos. Él también era "Perrón" como le decían los niños, cuando alegremente salía conmigo a correr o cuando defendía la casa o alguna vez que nos robaron y quedó en un rincón aterrorizado, quizás golpeado. Mi perro, no era un ser de luz, sino un ser apasionado, simple y predecible, lo recuerdo noble y libre, mi perro el Nerón.
Un día llego a nuestra reja un hermoso perro macho, era colorín, café claro con pecho blanco. Su aspecto era imponente y joven, del hocico para abajo era un golden retriever y de allí para arriba indefinido, seguramente estaba perdido y salió en busca del amor esquivo. Estuvo un par de días fuera y mi señora le empezó a dar agua y comida. Empezaré a tener problemas, pensé y así fue. Mi esposa me decía "haz algo", mi vecino del frente me decía que lo entrara, yo no quería entrarlo por el peligro que representaba tener un perro callejero para mi hijo pequeño y la restricción del arriendo.
Un día domingo me dio pena, fui a alimentarlo y ... conocí a mi perro, le di agua y comida en depósitos plásticos, él tomo agua y al terminar de beberla tomó el depósito con el hocico y me lo acercó, con la misma expresión del gato con botas de Shrek, casi me salta una lágrima. Yo entendí que quería más y luego le dí más agua y me dio la pata delantera, increíble, me reí a carcajadas, con la típica expresión ¡que buena!, pero no había ningún testigo con quien comentar. Con esa acción el perro me domesticó, como el caso del zorro y el niño, del libro El Principito. Me decidí y hablé con mi mujer, lo entraría. Salí ese u otro día y el perro ya no estaba, lo tenía mi vecino del frente.
El vecino era taxista y tenía un perro macho adulto quiltro de color negro. Estuvo unos meses al frente, los dos no se llevaron bien. Un día se pusieron a pelear, el colorado era alfa, y no aguanto someterse, el vecino me lo trajo todo ensangrentado el hocico, me dijo que le puso Nerón y que lo entrara. Acepté no dije nada y lamenté mi falta de decisión, para las cosas de trabajo soy más decidido.
Estábamos contentos, somos gente de mascotas, hubiera preferido elegir un perrito de cachorro, pero llegó éste y teníamos que hacer que funcionara, la vida siempre me ha entregado regalos y acostumbro recibirlos con humildad.
Él era macho alfa, me costó hacerle entender, en ese tiempo no estaba el Encantador de Perros ni You Tube, menos mal, no usé métodos muy ortodoxos. Comencé por enseñarle a traer el diario, él me daba la pata, luego enseñé a que se hiciera el muertito, él me daba la pata, luego que se sentara, él me daba la pata. Al abrir la puerta, salía corriendo como un demonio. A veces volvía a los minutos, otras a los días, en estos últimos venía sucio y hambriento, una vez anduvo perdido por más de tres días, fue difícil que mi gente se contuviera por el temor a que no volviera, pero era el llamado de la selva.
Era cariñoso con mis hijos y fiero con los extraños. Mordió a mi papá, a un amigo y a un viejo mal educado que me traía el diario. Un día estando mi señora en el ante-jardín, vino este personaje y viéndola, igual le lanzó el diario. Nerón estaba en la calle y entendió su gesto mal educado como peligro, y le mordió el traste, tuve que pagarle medicamentos y lucro cesante.
Era un poco racista y territorial, odiaba a los gatos, se encargó de despachar al menos uno, ese acto fue impactante, me tuve que deshacer del minino en la basura, era el gato de algún vecino, tenía collar, era lindo, pero no tanto para mi perro. Racista, al parecer recordaba al perro de mi vecino, que era negro, este animal veía un perro negro y no había caso, pelea segura.
Un día lo paseaba en la plaza cerca de mi casa, de pronto vi una perrita callejera también Nerón. La vida amorosa de los Quiltros es triste, como son mezclados uno no puede contactar novias, ellos se las tienen que arreglar solitos. Como decía, vimos la perrita y Nerón se puso inquieto. Lo solté hice mi acción maliciosa del día, él miraba a la perra, pero oh casualidad, un perro negro venía caminando en dirección a la perra. Entonces Nerón entró en conflicto, se concentró, miró a la perrita, luego al perro negro, perrita, perro negro, perrita. Como en la fábula del sapo y el escorpión, su naturaleza fue más fuerte, se lanzó contra el perro negro a pelear, su contrincante era más pequeño, lo agarró del cuello y lo empezó a azotar de un lado a otro. Allí apareció en escena el dueño del perro, me empezó a insultar a mí y a Nerón, vociferaba, moviendo los brazos, tomándose la cabeza. !Chuta! dije, "hasta acá no más llegamos compadre".
Mi perro tenía un collar de ahorque, lo tomé por el collar y lo alcé en el aire, a Nerón y colgando a su rival. El contrincante colgaba maltrecho con una mirada de terror instintiva y me miró directo, como diciendo sálvame qué esperas. El tipo del frente me seguía amenazando, yo con los 2 perros en el aire, hasta que la asfixia hizo su labor, el perro negro calló al suelo. Nerón perdía sus fuerzas, el perro empezó a morder los cuartos traseros de Nerón (y para eso querías que te salvara mal agradecido, pensé), yo estaba muy alterado así que le mandé un shootMándate a cambiar inmediatamente", y que no se había dado cuenta que le había salvado la vida, se fue rapidito, pocas veces he sido tan asertivo. Mi amigo Jaime, me comentó insultándome como siempre, siendo él tecnólogo médico, que un carabinero hizo lo mismo al separar una pelea de perros (obviamente policiales), perdió tres dedos...
Luego más tranquilo, Nerón me miró y cayó al suelo, desmayado. No fue mi intención hacerle eso, sólo quería que se divirtiera, pero sus traumas juveniles, mi falta de visión e irresponsabilidad tomaron curso, estuvo desmayado como 1 minuto. Pensaba en qué iba hacer, o decir, cómo iba a explicar todo lo que pasó, mi mujer me iba a desollar y cubrir mi piel expuesta con ajo y luego me espolvorearía azúcar y finalmente, me sentaría en un hormiguero. Luego despertó, (me volvió el alma al cuerpo) me miró, el Nerón me langueteó la mano con la que le hacía cariños, lo ayudé a levantarse y me lo llevé a casa, él movía su cola, contento.
Era fiero, pero gentil, mi vecina del nuevo barrio donde me cambié, tenía una perrita chica. Ella dejaba abandonada su mascota a su suerte, sin alimento, abrigo y sombra (el cuidador de la plaza la alimentaba), pero mi perro la dejaba entrar en la casa y la dejaba alimentarse de su plato, un caballero con ella. Un caso aparte, esa animalita, me refiero a la perra de mi vecina, no me dejaba dormir, se ponía a ladrar junto a mi ventana, menos mal que se mudaron hace un tiempo.
A los años, ya viejo empezó a tener problemas motrices, primero sus cuartos delanteros, luego los traseros. A pesar de su falta de motilidad, gemía cuando quería ir al baño, yo lo llevaba en brazos, mi señora hacía lo mismo, al final de tres semanas no podía controlar ni siquiera su cabeza. Una tarde bien entrado el año 2005, me llama por teléfono mi señora, me dice que él estaba mal. Ya habíamos conversado del triste asunto, llamamos a un veterinario amigo y nos recomendó que lo durmiéramos, por teléfono indiqué que estaba de acuerdo y se fue, lo más digno que pudimos se durmió, apaciblemente, para siempre. Mis niños estuvieron tristes, les explicamos de la vida y la muerte, ellos vieron el proceso y esto ayudó a aceptarlo. También estaban impactados con la enfermedad que en ese mismo tiempo enfrentaba mi madre, y ahora nuestro perro, tal como llegó intempestivamente se iba.
| Mi hijo y Nerón |
Hoy lo recuerdo, cuando mi hijo se creía Dexter (serie animada de cartoon network), con su laboratorio y el perro junto a él, era uno más, luego con mi hija, él era en extremo paciente con ellos. Él también era "Perrón" como le decían los niños, cuando alegremente salía conmigo a correr o cuando defendía la casa o alguna vez que nos robaron y quedó en un rincón aterrorizado, quizás golpeado. Mi perro, no era un ser de luz, sino un ser apasionado, simple y predecible, lo recuerdo noble y libre, mi perro el Nerón.
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