miércoles, 12 de diciembre de 2018

Boomerang

Era un día lunes temprano en la mañana, había ido a la Biblioteca de la Universidad a devolver un par de libros. Luego de entregarlos pensé que nuevamente había fracasado, hasta hoy me pasa. Los dos textos eran muy cotizados de cálculo o álgebra, no lo recuerdo ahora. Los viernes llegaba temprano a reservarlos y me los llevaba en la tarde haciendo votos de aprovecharlos lo mejor posible. Sin embargo, el fin de semana hacía todo menos leerlos, encontraba innumerables escusas para no estudiar. Al comenzar el programa de televisión "Zoom Deportivo", el domingo a las 11 de la noche los empezaba a ojear, para luego rendirme al sueño y a mi falta de voluntad. Mis compañeros me odiaban, no era mi intención, si hubiesen existido reservas para los lunes en la madrugada, todo hubiese sido perfecto.

Saliendo de la Biblioteca comienzo a caminar por el pasillo pensando en el próximo partido de baby fútbol, increíblemente habíamos ganado todos los partidos, cavilaba con imágenes de cabezazos iluminados y patadas inmisericordes, cuando siento la fuerte energía de una mirada. Alzo la vista y veo un rostro como de un cuadro venerable, una aparición.

Camino apenado mientras éste se deformaba en el tiempo, iba a su encuentro. Recuerdo que no percibí más personas que nosotros en ese pasillo, estaba repleto de estudiantes, me sentía solo y en silencio, como un caminante lunar, escuchando mi respiración, registrando cada instante. Ella sentada en la mesa para cuatro, ignoraba a su cuaderno o a los libros o a su amiga sentada frente a ella, su mirada fija, no pestañeaba.

Yo era el foco de atención. Me sentí desnudo y cómodo en algún momento, reduje la velocidad de la marcha, luego a metros tomé confianza y pasé de tener el rostro de un zombi, al de un ser confiado. Me hablé: "piensa que la conoces de toda la vida" y mi cuerpo pudo relajarse y dibujar una sonrisa.

Un verdadero boomerang, ahora fue ella quien se sonrojó. Su amiga golpeó con sus dedos índice y anular su hombro, agregando alguna mala palabra, que la hizo reaccionar bajando su mirada. Ya junto a ellas, no dejo de mirarla, sigo caminando sin quitarle la vista. Salgo del pasillo y ella giró a verme, "¡no lo puedo creer!" pensé y aceleré el paso alegre, casi trotando y recorrí  los pasillos. Acelerado, salté  para tocar una viga de concreto a 3 metros de altura y salí del edificio.

Caminando por los jardines la cordura vino a mí de repente. "¡Imbécil es tu oportunidad!" pensé. Me devolví al pasillo de la biblioteca. Me armaba de valor para poder volver a verlas, ellas seguían en la misma mesa. Un detalle me detuvo, algo no encajaba, no lo procesé hasta minutos después. Habían intercambiando sus posiciones y ahora era su amiga quien miraba fijamente el rostro de otro joven deudor de libros.

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