domingo, 8 de abril de 2018

En la frontera de la guerra

Como ariqueño les explico esto a mis hijos y a quien quiera enterarse de mi experiencia y pensamiento de vivir en la frontera y por qué no me gusta eso de dar soberanía a Bolivia. Por otra parte, no es factible, ya que Perú se negará, ya que eso significaría renunciar a las pretensiones sobre Arica y Tarapacá. Les  cuento lo que recuerdo de conversaciones de mi papá y lo que he leído y visto posteriormente. Recomiendo leer a José Rodríguez Elizondo, en su libro "Chile-Perú los años que vivimos en peligro".


Mi padre fue llamado como reservista del ejército en los años 70's, pues Perú iba a tomar la ofensiva en el norte, recordar que Tacna queda a 57 Km de Arica. Mi familia se había trasladado nuevamente a Arica en el año 1971 o 1972. Él había sido soldado en su juventud y supongo que lo llamaron por esa experiencia. Recuerdo que también fue llamado su hermano y primo, mis tíos, tenían que hacer ejercicios militares todos los sábados en algunos de los muchos regimientos que había en Arica. Recuerdo que  me dijo que le explicaron en el Fortín Sotomayor (gimnasio de Arica) de la situación: el ejército peruano llegó a la frontera, Agosto de 1975, a la vista de Arica. Mi padre me explicó que el ejército chileno no iba a poder mantener la posición e iba haber retirada, y se llamaron a los civiles a organizar la evacuación hacia la carretera Panamericana. Incorporo comentario de José Núñez profesor de historia "Todo hombre en estado de cargar armas se quedaba en la ciudad.......el resto se retiraba vía quebrada encantada......la Panamericana estaría inservible por los bombardeos de aviación". Aquellos con vehículos, no habían muchos en esa época, se hacían cargo de su familia y vecinos, también informaron que el ejército contaba con cocinas y provisiones para mantener a 60.000 personas por 2 semanas y la instrucción militar a civiles era para un escenario de enfrentamiento en la ciudad. Esto es lo que escuché y recuerdo, puedo estar equivocado en algunos datos, pero he corroborado con otras fuentes, lo general está correcto. Posteriormente, luego del golpe de Estado peruano, se instalaron tetrapodos, allí jugábamos con mi primo y amigos. También pusieron campos minados en toda la frontera con Perú y Bolivia.

En un principio y por muchos años, pensé que esto había ocurrido en respuesta a la cuasi guerra con Argentina en el año 1978, pero no, hace unas semanas caí en cuenta que ocurrió antes. En ambos episodios fue clave EEUU el señor Henry Kissinger (quien antes había financiado a la oposición de Allende en Chile) y que según fuentes peruanas indicadas en el video, infiltró con la CIA al ejército peruano  y por otro, en el futuro año 1978, también fue pieza clave junto al Papa Juan Pablo II para evitar el conflicto con Argentina.

Navegando en Internet me encuentro con la visión de nuestro país vecino. Adjunto una entrevista al capitán (R) Eloy Villacrez Riquelme, quien se acuarteló en Arequipa a cargo de un batallón de paracaidistas. Explica cómo el señor Morales Bermúdez a cargo del ejército peruano no atacó Chile, en cambio hizo un golpe de Estado, el llamado Tacnazo. Ellos dicen que fue la CIA quien conspiró contra el plan de invasión a Chile.



Lo que queda en mi mente y estoy convencido de ello, es que el Perú o sus jerarcas, nunca van a renunciar a recuperar Arica y Tarapacá (tienen argumentos jurídicos para esta declaración), ya sea por vías jurídicas o por el uso de la fuerza. Por otra parte, Chile ha generado una política de disuasión al mantener a sus FFAA actualizadas que ha comprado la paz de la zona, cosa en que estoy de acuerdo, dada la historia con nuestros países vecinos.



domingo, 1 de abril de 2018

No hay como los taxistas de antes.

Para iniciar bien el día, el conductor del Uber que pedí me recibía con un profundo "buenos días" acompañado de un delicado buqué de ajos. Era tarde y decidí subirme no más. El conductor andaba bien vestido, conducía bien, solo que apestaba.  A poco andar, tuve que bajar el vidrio. Llegué  a destino, sin sobresaltos, pero no pude calificar la incomodidad que me produjo el viaje, temprano con frío por la ventana abierta y con el estómago descompuesto, 3 estrellas.

No me gusta el servicio Uber, transgreden la ley donde están y operan, sin embargo, los he y sigo usando, básicamente por su tremenda plataforma informática y su facilidad de uso, pero al fin y al cabo son ilegales y me niego a preferirlos. Lamentablemente me levanto tarde y los taxistas de antes no vienen cuando yo quiero. Ellos no usan teléfono y no hay aplicación que los encuentre, pues ellos no trabajan en este tiempo.

Los taxistas de antes tienen un auto de latas duras,
Ford Fairlane 70
brillante por dentro y por fuera. Un ejemplo de ello es el Ford Fairlane 1970 de mi tío (como el amarillo del dibujo), el Chevy Nova o el Oldsmobile. Los conductores tienen su infaltable franela naranja amarilla, la usan para acariciar las latas en donde se pueden mirar tal como un espejo. Trabajan con camisa y pantalón de vestir, la camisa mostrando en el pecho una cadena de oro o plata gruesa, con una cruz, zapatos negros de zuela eternamente lustrados, usan lentes parecidos a los de Elvis, peineta en bolsillo trasero, pelo engominado y en la palanca de cambios un decorado, un cabezal distinto al original, un cangrejo encerrado en una jaula transparente o una perilla forrada en cuero, emulando un auto deportivo. La radio AM, algunos con FM y botones mecánicos, que sólo acercaban el dial de a diez números.

Hablo de los taxis amarillos de recorrido Arica-Iquique o azules de Arica-Tacna, autos enormes, sin cinturón de seguridad, de esos donde viajan fácilmente 8 personas, sin llamar la atención de los carabineros y que en algunos fines de semana nos llevan de paseo para ir a comer pollo asado al humedal de la desembocadura del río Lluta, y que cuando cuando ya no hay más cupos sentados, usan el maletero para meternos a mi primo y a mí, en cuerpos de niño, no importando la falta de amortiguación y aire para nosotros, para mí era lo mejor del viaje.

Quiero ser taxista o al menos repetir sus ritos cuando no tienen un viaje. La tarde del sábado en el taller del mecánico amigo, en donde comencé a trabajar un día con mi primo, donde se tomaban cervezas y se comían mariscos, allá lejos en el espacio-tiempo, en el norte, donde como ayudante cambiaba condensador y platino, donde escobilla en mano rescataba las monedas del piso de sus alfombras. Mi padre no tuvo vehículo y eso era lo más cerca que tuve de tener uno, pero de esos autos, de los taxistas de antes.

jueves, 8 de marzo de 2018

Un No-Saludo en el día de la mujer

Hoy las iba a saludar, pero no, me negué a hacerlo, pero sentí ganas de hacerlo, ese es mi sentimiento, hacer un gesto de afecto y galantería, pero no y razoné esto:


1. Me pueden acusar de acoso. De ser un descontrolado, un sátiro.

2. Si hablamos de igualdad, no deberían existir los días de la mujer. Se recuerdan por los maltratos que sufrieron, al igual que el día del trabajador y esto al parecer continua.

Todos debemos tratarnos como personas, sin diferencia de sexo; se debieran terminar con los poemas de amor y quemar la obra entera de Neruda, pues violó una niña asiática. Terminar con todo ademán de admiración a hacia el cuerpo femenino o de su comportamiento, desconcertante a veces (eso pasa por no emitir comentario alguno cuando nos preguntan "¿Cómo me veo?"). Terminar con el reggaetón y su lenguaje "explicit" según el Spotify. Controlar el deseo y las miradas instintivas y todo eso que los otros hombres sienten y hacen sin pensar, pues cuando uno piensa ya es tarde, ya se siente el dolor en las costillas, yo no por supuesto.

En vez de "ellas" o "ellos poner "ell@s", eliminar los urinarios para los hombres, pues son discriminatorios, hacer baños unisex como en casa, pero con tapa que no se cae mientras uno lo usa, o mejor aún, que aprendamos a orinar sentados y evitar eso que las hace enojar.

Por todo esto y mucho más que se me está ocurriendo, no las saludaré hoy en este, su día.


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