miércoles, 28 de marzo de 2012

El poder sanador de los goles

Minuto 91, partido por la copa libertadores entre la Universidad de Chile y Peñarol de Uruguay, partido tenso y empatado en todo sentido, un ataque como tantos, Fernandez por la derecha se la pasa a Hernández cambio de frente a Mena enganche y pase Rodríguez quien remata y Gol.

El día fue duro, pasaron cosas tristes, que debilitan las posturas frente a la vida, que te hacen pensar si todo vale la pena, y llegando a la casa, muy cansado, llego y los vecinos reunidos en la calle. Pienso en lo de siempre, robaron la casa de alguno, otra vez la misma situación. Luego de ponernos de acuerdo, en qué vamos a hacer para organizarnos y evitar que pase de nuevo, entro a casa.

Me siento en mi sillón a ver el partido, y el televisor sintonizado en Fox Sport, recuerdo que debí sacarlo del contrato, estoy pagando el canal desde la copa sudamericana, y se vino el Gol, el 2 a 1.

Me di un abrazo con mi hijo y juntos saltamos de alegría, mi señora, hijas y pololo de mi hija, que pena un colo colino gritando un gol de la U (como cuando su servidor celebró la copa Libertadores del año 91), y gritábamos y nos reimos hasta desgarrar la garganta.

Qué buen efecto provoca el fútbol, cuando se gana por cierto, y sobre todo en este caso, ese gol de último minuto. Un gol es como un orgasmo colectivo, pero de alegría, y a diferencia del otro... este sí es simultáneo, es cosa de ver 40 mil almas en una danza sin control, mientras los policías de cancha evitando gritar el gol, me divierte. Cuando ocurre es impredecible, a veces esquivo, y cuando llega, te borra los prejuicios, las penas y genera una catarsis reparadora del alma, luego la garganta dañada, me recuerda y alegra durante día y a pesar de todo lo demás, y que el fútbol es sólo eso, un juego, me hace sentir muy bien.

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